Hay parejas en el deporte que se convierten en símbolo de toda una generación, no solo por sus resultados, sino por lo que representan. En España, Liliana Fernández y Elsa Baquerizo son exactamente eso: el símbolo de que el voleibol playa español puede competir en los más altos niveles del deporte mundial. Su historia es la de dos jugadoras que eligieron un deporte minoritario en su país, trabajaron durante años para alcanzar la élite internacional y compitieron con orgullo bajo la bandera española en tres ediciones de los Juegos Olímpicos.
Dos vidas paralelas en la arena
Liliana Fernández Steiner nació en 1983 en Salamanca. Llegó al voleibol playa desde el voleibol de sala, donde había jugado en divisiones superiores del campeonato nacional español. La transición a la arena fue el comienzo de una carrera que la llevaría a los escenarios deportivos más importantes del mundo.
Elsa Baquerizo McMillan nació en 1983 en Cádiz, una ciudad que tiene la playa en su ADN. Con el Atlántico como escenario de infancia, el voleibol playa era casi inevitable en su historia. Comenzó a practicarlo desde joven y desarrolló una carrera que la convertiría en la mejor jugadora española de la historia del beach volley.
Se conocieron a principios de la década de 2000 y formaron una pareja que resultó ser complementaria en todos los sentidos: la potencia y la altura de Liliana en el ataque, combinadas con la elegancia técnica y la inteligencia táctica de Elsa, crearon un equipo que supo construir resultados de nivel mundial gracias al trabajo y la dedicación que ningún talento natural puede sustituir.
La carrera olímpica: tres ediciones
Pekín 2008 fue su primera participación olímpica, y supuso una experiencia de aprendizaje fundamental. Llegar a los Juegos Olímpicos por primera vez, competir en la arena de Chaoyang Park contra las mejores parejas del mundo y salir con la cabeza alta es un mérito que no debe subestimarse.
Londres 2012 representó su edición más madura. Con cuatro años más de experiencia en el circuito internacional, Liliana y Elsa llegaron a Londres con un juego más desarrollado y la confianza de saber que podían competir con cualquiera en días buenos. El torneo olímpico es de eliminación directa y un mal día puede acabar con cualquier aspiración, pero las españolas dejaron una imagen sólida.
Río 2016 fue su tercera y última participación olímpica juntas. Jugar en Copacabana, la playa más famosa del mundo para el voleibol playa, ante un público que respiraba beach volley desde la infancia, fue una experiencia que las dos jugadoras describieron como la más especial de sus carreras, independientemente de los resultados.
El circuito mundial: compitiendo con las mejores
Más allá de los Juegos Olímpicos, la carrera de Liliana y Elsa se desarrolló durante más de una década en el circuito mundial FIVB. Compitieron contra las parejas de Misty May-Treanor y Kerri Walsh, contra las brasileñas Juliana/Larissa, contra las alemanas y las holandesas que marcaron el beach volley europeo de su época. No siempre ganaron, pero siempre compitieron con dignidad y con un nivel que demostró que el voleibol playa español podía estar presente en los más altos foros del deporte mundial.
El legado: el beach volley español en el mapa
El mayor legado de Liliana Fernández y Elsa Baquerizo no son sus medallas (ninguna olímpica) sino el hecho de que durante más de una década pusieron el voleibol playa español en el mapa del deporte internacional. Gracias a ellas, España tiene una presencia en el circuito mundial FIVB, una federación que invierte en el desarrollo del beach volley y una generación de jugadores y jugadoras jóvenes que crecieron sabiendo que desde España también se puede aspirar a competir en el más alto nivel.
Elsa Baquerizo continuó su vinculación con el deporte tras la retirada competitiva, trabajando en la formación de jóvenes talentos y en la promoción del voleibol playa en España. Es, en muchos sentidos, el nexo entre la generación pionera que ella misma representó y la generación futura que aspira a superar sus logros.