En el deporte competitivo, las rachas de victorias son el indicador más puro de dominación absoluta. Ganar una vez es talento. Ganar diez veces seguidas es superioridad. Ganar 112 partidos consecutivos sin ceder una sola derrota es algo que no tiene nombre en el lenguaje del deporte ordinario: es una dominación de otro planeta.
Entre 2007 y 2008, Misty May-Treanor y Kerri Walsh construyeron esa racha en el voleibol playa internacional, un registro que sigue siendo el mayor en la historia del deporte y que probablemente nunca sea superado.
Los números de la racha
La racha de 112 partidos comenzó en 2007 y se extendió hasta 2008, abarcando múltiples torneos del circuito mundial FIVB y los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Para entender lo que significa ganar 112 partidos consecutivos en el voleibol playa de élite, hay que comprender el contexto:
Cada partido de voleibol playa en el circuito internacional es al mejor de tres sets contra parejas que han llegado a ese nivel después de clasificarse entre las mejores del mundo. No hay partidos fáciles en el circuito. No hay equipos débiles que “rellen” el cuadro. Cada victoria en la racha de May-Treanor y Walsh fue contra una pareja que ese día también quería ganar y que tenía el nivel para hacerlo.
112 partidos sin perder uno solo, en diferentes condiciones meteorológicas (viento, calor, frío), en diferentes países y culturas deportivas, contra diferentes estilos de juego y ante diferentes tipos de presión es un logro que desafía la lógica estadística del deporte competitivo de élite.
El contexto olímpico: la racha incluye Pekín 2008
Una de las características más notables de la racha es que incluye los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, donde May-Treanor y Walsh no cedieron ningún partido en todo el torneo. Ganar el torneo olímpico sin perder un partido —con toda la presión adicional que supone competir por el oro olímpico— es un elemento que distingue la racha de May-Treanor y Walsh de cualquier otra en la historia del deporte de pareja.
En Pekín, el torneo de voleibol playa se disputó en el Chaoyang Park Beach, una instalación artificial en el interior de la ciudad. El ambiente fue diferente al de cualquier otro torneo del circuito: 12.000 espectadores, calor extremo de agosto en Pekín y la presión específica de los Juegos Olímpicos. May-Treanor y Walsh lo vivieron como si fuera un torneo más de su racha.
Por qué la racha fue posible
Ningún récord deportivo de esta magnitud es accidental. La racha de 112 partidos fue posible por la combinación de varios factores que difícilmente coinciden en la misma pareja:
Nivel técnico individual excepcional. Cada una de las dos jugadoras era, por sí sola, de las mejores del mundo en su posición. Su combinación era multiplicadora, no simplemente aditiva.
Complementariedad perfecta. Walsh aportaba altura, potencia en el remate y presencia en el bloqueo. May-Treanor aportaba velocidad, brillantez defensiva y una colocación de excelencia. La pareja cubría todas las dimensiones del juego sin debilidades evidentes.
Experiencia conjunta acumulada. En 2007-2008, llevaban seis años jugando juntas. La comunicación, la confianza mutua y la automatización de las señales tácticas eran de un nivel que las parejas jóvenes no pueden desarrollar sin tiempo.
Gestión de la presión. Mantener una racha de victorias es psicológicamente muy exigente: cada partido lleva el peso de todos los anteriores. May-Treanor y Walsh tenían la madurez competitiva suficiente para no dejar que el peso de la racha se convirtiera en una carga.
La racha termina: el final de la invencibilidad
Toda racha termina. La de May-Treanor y Walsh también lo hizo, aunque sin grandes consecuencias para su palmarés: siguieron siendo las mejores del mundo y ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero los 112 partidos sin derrota quedaron en la historia como el mayor registro de dominación en la historia del voleibol playa, un número que probablemente siga siendo récord durante muchas décadas más.