Giba —el apodo de Gilberto Amauri de Godoy Filho— es el mejor jugador de voleibol masculino de su generación y uno de los grandes de la historia del deporte. Nacido el 23 de diciembre de 1976 en Saquarema, Brasil, fue durante más de una década la figura más brillante del voleibol masculino mundial, el mejor opuesto del planeta y la pieza central del equipo brasileño que dominó el voleibol mundial en los años 2000.
La cantera de Saquarema: el voleibol como herencia
Saquarema, en el estado de Río de Janeiro, es conocida en el voleibol brasileño como uno de los viveros más productivos del deporte. La tradición voleibolística de esa región es profunda y ha producido múltiples jugadores de nivel internacional. Giba creció en ese entorno y desde niño mostró aptitudes para el voleibol que se desarrollaron de manera natural gracias a la cultura deportiva de la zona.
Su incorporación al circuito profesional y al equipo nacional fue rápida y su ascenso hasta la condición de mejor jugador del mundo todavía más veloz.
El opuesto: la posición más letal del voleibol
En el sistema de posiciones del voleibol moderno, el opuesto (número 4) es la posición de mayor responsabilidad ofensiva en los momentos de mayor presión. Cuando el partido se decide en los últimos puntos, el opuesto es el jugador al que el equipo busca para rematar. Giba entendía esa responsabilidad y la ejecutaba con una naturalidad y una eficacia que lo convirtieron en el jugador más temido del circuito mundial.
Su remate era devastador: potente, preciso y ejecutado desde posiciones y alturas que dificultaban el bloqueo rival. Pero lo que más distinguía su juego era la inteligencia táctica en ataque: sabía exactamente cuándo atacar con potencia, cuándo buscar el ángulo abierto y cuándo usar el touch de dedos para engañar al bloqueo.
El dominio de Brasil en los años 2000
El equipo brasileño de voleibol masculino de principios de los años 2000 fue uno de los mejores equipos de voleibol que el mundo ha visto. Ganó dos Campeonatos del Mundo (2002 y 2006), el oro olímpico en Atenas 2004 y múltiples ediciones de la Liga Mundial en una racha de dominio que no tenía precedentes en el voleibol masculino.
Giba fue la figura más visible de ese equipo, pero también hubo otros grandes jugadores como André Heller, Ricardinho y Murilo. La calidad colectiva de aquel Brasil era tan alta que incluso en los partidos en que Giba no tenía su mejor actuación, el equipo encontraba otras maneras de ganar.
Los tres títulos de mejor jugador del mundo
Ser elegido mejor jugador del mundo en un deporte tan globalizado como el voleibol masculino —con potencias como Brasil, Italia, Rusia, Alemania y Argentina compitiendo al más alto nivel— es un reconocimiento extraordinario. Que Giba lo consiguiera en tres ocasiones diferentes (2001, 2003 y 2005) demuestra que su superioridad no fue un momento puntual sino el resultado de años de rendimiento sostenido al más alto nivel.
Su legado en el voleibol brasileño y mundial es el de un jugador que elevó el estándar de lo que un opuesto podía ofrecer, y que convirtió a Brasil en la referencia del voleibol masculino durante una época completa.