Durante décadas, el windsurf fue literalmente la embarcación de viento más rápida del mundo. No el barco de vela más rápido: la embarcación de viento más rápida del planeta, punto. Esa es una de las curiosidades más sorprendentes de un deporte que muchos asocian con playas tranquilas y principiantes que se caen al agua.
Cómo se mide la velocidad sobre el agua
La velocidad náutica se mide en nudos (millas náuticas por hora). Un nudo equivale a 1,852 km/h. Los récords de velocidad náutica se homologan sobre un recorrido de 500 metros: la velocidad media que el vehículo mantiene a lo largo de esos 500 metros es el dato que cuenta.
El récord sobre 500 metros es diferente de la velocidad máxima puntual. Un rider puede alcanzar 60 nudos durante un segundo en una racha, pero si su velocidad media en los 500 metros es 52 nudos, ese es su récord. La distancia de 500 metros garantiza que el récord refleja una velocidad sostenida, no un pico momentáneo.
El canal de Lüderitz: el laboratorio de la velocidad
El lugar más importante en la historia de los récords de velocidad en windsurf es un canal artificial en la localidad de Lüderitz, Namibia. En la costa namibia soplan vientos extremadamente fuertes y constantes del suroeste, y en 2009 se excavó un canal artificial de varios cientos de metros de longitud con el objetivo específico de crear condiciones perfectas para los intentos de récord.
El canal tiene paredes de tierra que protegen el agua del oleaje generado por el viento, creando una superficie casi perfectamente plana. Los riders entran en el canal con viento fuerte de través —la dirección más rápida— y recorren los 500 metros medidos a la máxima velocidad posible. El resultado son velocidades que en mar abierto serían imposibles: el oleaje ralentiza la tabla, y en el canal de Lüderitz prácticamente no hay oleaje.
Los récords históricos: cuando el windsurf voló
La historia de los récords de velocidad en windsurf es una secuencia de mejoras graduales seguida de saltos bruscos cuando algún rider o alguna tecnología superaba los límites anteriores.
En los años 80, los récords de windsurf rondaban los 35-38 nudos, ya superiores a los de cualquier otro velero. A mediados de los 90, Pascal Maka y otros riders de velocidad empujaron el récord hasta los 45 nudos. En los años 2000, la llegada de nuevos materiales y técnicas específicas para el speed elevó el récord por encima de los 48 nudos.
El hito más importante llegó el 4 de noviembre de 2015 en Lüderitz. Antoine Albeau, un windsurfista francés especialista en slalom y velocidad, estableció el récord absoluto del windsurf: 53,27 nudos sobre 500 metros, equivalentes a 98,67 km/h. Casi 100 km/h sobre el agua, propulsado únicamente por el viento, sin motor, de pie sobre una tabla de menos de 100 litros de volumen.
La competencia del kitesurf y los foils
Durante años, el windsurf fue la categoría más rápida en el ranking mundial de velocidad náutica. Sin embargo, el kitesurf —que permite ángulos de navegación más extremos gracias a la cometa que vuela a mayor altura— comenzó a superar los récords del windsurf a partir de los años 2010.
En 2012, el kitesurfista Rob Douglas marcó 55,65 nudos, superando por primera vez el récord del windsurf en esa época. Posteriormente, los trimaranes de foil —embarcaciones de regata con aletas hidrodinámicas— han establecido récords aún más espectaculares. El Vestas Sailrocket 2 llegó a los 65,45 nudos en 2012.
Sin embargo, el récord de Antoine Albeau sigue siendo el récord del windsurf puro, y 53 nudos sigue siendo una velocidad asombrosa para un ser humano que se sostiene de pie sobre una tabla con una vela entre las manos.
El windsurf de velocidad como disciplina
El speed windsurf es una disciplina específica con su propio equipamiento, técnica y cultura. Los riders de speed usan tablas especiales diseñadas exclusivamente para la velocidad máxima —muy diferentes de las tablas de slalom convencionales— con formas planas y skegs específicamente calculados para estabilidad a muy alta velocidad. Las velas son pequeñas (4-5 m²) pero extremadamente rígidas para soportar la presión de los vientos huracanados en los que se consiguen los récords.
El equilibrio a 50 nudos sobre el agua, con el cuerpo casi horizontal sujeto al arnés y la tabla golpeando cada irregularidad de la superficie, es una experiencia que pocos seres humanos han vivido. Quienes la describen coinciden en que es, literalmente, al límite del control: un punto más de velocidad y la tabla escapa, con consecuencias potencialmente muy peligrosas a esas velocidades sobre el agua.