El wingfoil tiene una historia corta pero extraordinariamente densa. En menos de diez años pasó de ser un experimento de unos pocos atletas de élite en las aguas de Hawái a convertirse en el deporte acuático de mayor crecimiento del mundo. La historia de ese salto es la historia de la innovación técnica, la comunidad deportiva y, curiosamente, de una pandemia global.
Los precursores: alas de mano con historia
La idea de usar un ala de mano para desplazarse sobre el agua no es completamente nueva. En los años 80, el inventor Dimitri Milovich experimentó con alas de mano rudimentarias, y a lo largo de los años 90 y 2000 varios deportistas de viento probaron variantes del concepto. Sin embargo, la tecnología disponible no permitía construir alas lo suficientemente ligeras, rígidas y manejables para que el concepto fuera práctico.
El cambio llegó de la mano del foil. Cuando los hidrofoils empezaron a utilizarse en surf y kitesurf a principios de los años 2010, algunos deportistas comenzaron a preguntarse qué pasaría si en lugar de una cometa con líneas o una vela mástil, el rider sostenía el ala directamente con las manos.
Kai Lenny y los experimentos hawaianos
Kai Lenny (nacido en Maui, Hawái, en 1992) es el nombre más asociado a los orígenes del wingfoil moderno. Este waterman de élite, campeón del mundo de SUP (Stand Up Paddle) y uno de los mejores surfers de olas grandes de su generación, empezó a experimentar con prototipos de alas de mano alrededor de 2015-2016.
Lenny trabajó con marcas y desarrolladores para crear alas que pudieran ser controladas con las manos mientras montaba un foilboard. Los primeros vídeos de sus experimentos, publicados en redes sociales entre 2016 y 2017, generaron una enorme atención en la comunidad de deportes acuáticos. Las imágenes de un surfer volando sobre el agua sosteniendo un ala en sus manos parecían sacadas de una película de ciencia ficción.
Laird Hamilton, la leyenda del surf de olas grandes y uno de los pioneros del foiling moderno, y Dave Kalama, otro waterman hawaiano de renombre, también estuvieron entre los primeros en experimentar con el formato. Sus experimentos contribuyeron a definir qué características debía tener el ala para ser funcional: resistencia, perfil aerodinámico eficiente, peso mínimo y manejabilidad con una sola mano.
2018-2019: el nacimiento comercial
El salto del prototipo al producto comercial se produjo entre 2018 y 2019. Dos marcas lideraron el camino:
Duotone (antes North Kiteboarding), una de las empresas más importantes en kitesurf, lanzó su primera ala comercial para wingfoil en 2018. Era un producto todavía en desarrollo, pero demostró que había demanda real. F-One, la marca francesa del campeón del mundo de kitesurf Raphaël Salles, siguió el mismo camino casi simultáneamente, aportando su experiencia en aerodinámica y materiales técnicos al diseño de alas.
Otras marcas importantes como Naish (histórica empresa de Robby Naish, leyenda del windsurf y kitesurf) y Cabrinha se incorporaron rápidamente al mercado. En 2019 ya existía una oferta comercial razonable de alas, foilboards específicos para wingfoil y mástiles adaptados, aunque los precios eran altos y los diseños seguían evolucionando rápidamente.
La comunidad de early adopters crecía en los spots clásicos de deportes de viento: Maui, Tarifa, las islas Canarias, la bahía de San Francisco. Los vídeos en Instagram y YouTube mostrando el nuevo deporte se volvían virales con facilidad: la imagen del rider flotando sobre el agua sosteniendo un ala era visualmente impactante e intuitivamente comprensible para cualquier espectador.
2020: la pandemia como acelerador
Lo que habría sido un crecimiento gradual se convirtió en una explosión gracias a la pandemia de COVID-19 en 2020. El wingfoil reunía todo lo que los deportistas buscaban en un momento de restricciones sanitarias: era individual, al aire libre, no requería instalaciones cerradas y podía practicarse con distancia social natural.
Las ventas de equipos se dispararon. Las escuelas que habían abierto en 2019 con uno o dos instructores tuvieron que ampliar plantillas. En España, los spots de Tarifa, Lanzarote y Fuerteventura vieron llegar a deportistas de toda Europa buscando aprender el nuevo deporte. Las listas de espera en las escuelas podían ser de semanas.
Para finales de 2020, el wingfoil había saltado del nicho de los early adopters al mainstream de los deportes acuáticos de aventura.
La IWA y la institucionalización
Con el crecimiento llegó la necesidad de organización. En 2020 se fundó la IWA (International Wingfoil Association), el primer organismo internacional dedicado específicamente al wingfoil. La IWA estableció estándares de formación para instructores, creó un sistema de certificación para escuelas y organizó las primeras competiciones internacionales con reglas unificadas.
En paralelo, las federaciones náuticas nacionales empezaron a incorporar el wingfoil a sus programas. En España, la Real Federación Española de Vela (RFEV) asumió la tutela del deporte en el ámbito federativo, reconociendo su estatus como disciplina náutica formal.
El wingfoil había completado, en menos de cinco años, el recorrido que al kitesurf le llevó más de una década.