Cuando la Federación Internacional de Baloncesto comenzó a organizar el Campeonato del Mundo de baloncesto 3x3 en formato oficial, nadie dudaba de que Serbia estaría en lo más alto. La combinación de una tradición baloncestística extraordinaria —el país de la antigua Yugoslavia que ha producido más jugadores de NBA per cápita que ningún otro— con una cultura de juego callejero profundamente arraigada hacía de los serbios los candidatos naturales a dominar el formato de tres contra tres.
Los resultados no tardaron en confirmar esa predicción. Serbia acumuló títulos en el FIBA 3x3 World Cup masculino de forma consistente, convirtiéndose en el país con más coronas mundiales en la historia de la competición. El éxito serbio no es el resultado de una sola generación o de una sola estrella: es la expresión de un sistema de juego y una mentalidad que se transmite de jugadores a jugadores en las canchas exteriores del país. Figuras como Dušan Bulut han liderado ese proyecto durante más de una década, pero el mérito del dominio serbio es colectivo: el país produce constantemente jugadores capaces de competir y ganar al máximo nivel del 3x3.
La hegemonía de Serbia en el 3x3 masculino contrasta con los resultados olímpicos, donde la selección ha sufrido sorpresas inesperadas. En los Juegos de Tokyo 2020, Serbia —considerada la gran favorita— fue eliminada antes de lo esperado, lo que demuestra que el formato de partido único del 3x3 olímpico puede deparar sorpresas incluso para el mejor equipo del mundo. Esta paradoja es parte de lo que hace fascinante al 3x3: el país más ganador en el circuito y en el Mundial no siempre se convierte en campeón olímpico, porque un solo partido de 10 minutos puede cambiar todo.