El Campeonato del Mundo de bandy organizado por la Federación Internacional de Bandy (FIB) es el máximo evento de este deporte a nivel de selecciones nacionales. Desde su primera edición en 1957 hasta las competiciones actuales, el torneo ha sido el escenario donde se han escrito los capítulos más importantes de la historia del bandy: victorias aplastantes de la URSS, sorpresas escandinavas, y la expansión gradual de un deporte que comenzó siendo casi un monopolio de cuatro países y que hoy reúne a representantes de varios continentes.
Historia del torneo: de cuatro a más de treinta países
La primera edición del Campeonato del Mundo de bandy se celebró en Finlandia en 1957, con la participación de los cuatro países fundadores de la FIB: la Unión Soviética, Suecia, Finlandia y Noruega. El formato fue una liguilla simple en la que cada equipo se enfrentó a los otros tres, y la URSS se proclamó campeona del mundo con plena autoridad, confirmando lo que todos en el mundo del bandy sabían: que el bandy soviético era, en ese momento, enormemente superior al de cualquier otro país.
Durante las siguientes décadas, el torneo fue creciendo gradualmente en número de participantes. Primero se incorporaron otros países bálticos y del bloque del Este, luego naciones como Kazajistán y Mongolia tras la disolución soviética, y ya en el siglo XXI, representantes de América del Norte, Asia oriental y otras regiones del mundo. Hoy, el Campeonato del Mundo de bandy reúne habitualmente a más de quince selecciones nacionales y se disputa en dos grupos de fase preliminar seguidos de una fase final con los mejores equipos.
El formato actual del torneo
El Campeonato del Mundo moderno se disputa habitualmente en un país anfitrión durante una semana de enero o febrero. Las selecciones participantes se dividen en dos grupos de fase preliminar, donde cada equipo se enfrenta a todos los rivales de su grupo en formato de liga. Los mejores equipos de cada grupo avanzan a la fase final, que se estructura en cuartos de final, semifinales y finales (tanto la del oro como la del bronce).
Los países anfitriones del torneo han sido principalmente Rusia, Suecia, Finlandia y Noruega en las ediciones de los primeros años, aunque en el siglo XXI también han albergado el Campeonato del Mundo países como Kazajistán, Estados Unidos y otros, reflejando la expansión geográfica del deporte.
Los dominadores: Rusia ante todo
El historial del Campeonato del Mundo de bandy es el historial del dominio ruso. La URSS ganó el torneo de forma casi ininterrumpida desde 1957 hasta la disolución soviética en 1991. En ese período, la selección soviética fue derrotada en pocas ocasiones por Suecia, que se convirtió en el único rival capaz de romper el monopolio soviético en determinados años.
Tras la disolución de la URSS, la selección rusa heredó el peso del bandy soviético y, después de un período de transición en los años 1990 en que Suecia aprovechó para ganar varios títulos mundiales, recuperó su posición dominante. En el siglo XXI, Rusia ha seguido siendo la favorita absoluta de cada Campeonato del Mundo, ganando la mayoría de las ediciones con una consistencia que no tiene parangón en el panorama internacional del bandy.
Los países emergentes: Kazajistán y Mongolia
Uno de los aspectos más interesantes de la historia reciente del Campeonato del Mundo es el ascenso de países emergentes que han conseguido colarse entre los mejores. Kazajistán, con su fuerte herencia deportiva soviética y sus condiciones climáticas favorables, se ha establecido como una potencia del bandy y ha ganado medallas en el Campeonato del Mundo. Mongolia, con inviernos extremadamente fríos, ha desarrollado una selección capaz de competir con los países tradicionales.
Estos avances de los países emergentes son importantes para el futuro del bandy: demuestran que el deporte puede crecer más allá de sus fronteras históricas y que la base de competición internacional se está ampliando genuinamente.
La experiencia de ver el Campeonato del Mundo
El Campeonato del Mundo de bandy es, para los aficionados que tienen la suerte de presenciarlo en directo, una experiencia deportiva única. Los partidos disputados al aire libre en los estadios de hielo de Rusia o Escandinavia, con temperaturas que frecuentemente se sitúan por debajo de los -10 grados Celsius, ante decenas de miles de espectadores vestidos de pies a cabeza para combatir el frío, tienen una atmósfera que ningún otro evento deportivo puede reproducir. El humo de los alientos del público, la pelota naranja sobre el blanco del hielo, la velocidad del juego y el sonido de los palos golpeando sobre la superficie helada crean un espectáculo de una autenticidad y una intensidad difíciles de olvidar.