El campo de bandy es uno de los escenarios deportivos más singulares del mundo. Imagina un campo de fútbol completamente congelado, con sus líneas pintadas bajo el hielo y once jugadores en cada equipo moviéndose sobre patines a grandes velocidades. Esta imagen, habitual en los inviernos de Rusia, Suecia, Finlandia y Noruega, resume la esencia del bandy mejor que cualquier descripción técnica.
Dimensiones oficiales de la pista
La Federación Internacional de Bandy (FIB) establece que la pista de juego debe tener entre 90 y 110 metros de largo y entre 45 y 65 metros de ancho. Las dimensiones preferidas para las competiciones internacionales de alto nivel son 100 metros de largo por 65 metros de ancho, que representan el estándar más extendido en los Campeonatos del Mundo. Esta superficie es considerablemente mayor que la de una pista de hockey sobre hielo estándar (60 por 30 metros aproximadamente), lo que da al bandy un carácter mucho más abierto y más parecido al fútbol en términos de espacio disponible.
La pista está rodeada por bandas o vallas de contención de baja altura —distintas a los tableros del hockey sobre hielo—, que sirven para mantener la pelota en juego y delimitar el área de competición. Las esquinas son ligeramente redondeadas para facilitar el juego en los extremos del campo.
Las marcas del campo
La pista de bandy está marcada con una serie de líneas y círculos que organizan el juego y determinan las diferentes zonas de la superficie:
La línea central divide el campo por la mitad, separando las zonas defensivas de cada equipo. En el centro exacto de esta línea se encuentra el punto de saque inicial, desde donde se inicia el partido y se reanuda el juego tras cada gol, igual que en el fútbol.
Las áreas de penalti son semicírculos trazados con un radio de 17 metros desde el centro de cada portería. Dentro de esta zona, el portero tiene poderes especiales —puede usar las manos— y las infracciones cometidas contra el equipo atacante pueden ser sancionadas con un tiro de penalti desde los 12 metros.
El punto de penalti está marcado a 12 metros de la línea de gol, directamente frente al centro de la portería. Es el punto desde el que se lanzan los penaltis, equivalente al punto de penalti del fútbol.
Los círculos de saque son varios círculos de 5 metros de radio distribuidos por la pista. Se usan para las reanudaciones del juego tras interrupciones: el árbitro deja caer la pelota entre dos jugadores rivales dentro del círculo para reanudar el partido.
Las esquinas de córner están marcadas con arcos pequeños en las cuatro esquinas de la pista, desde donde se lanzan los saques de esquina cuando la pelota sale por la línea de fondo tras tocar a un defensor.
Las porterías
Las porterías del bandy tienen unas dimensiones de 3,5 metros de ancho por 2,1 metros de alto. Son claramente más pequeñas que las del fútbol (7,32 por 2,44 metros), pero significativamente más grandes que las del hockey sobre hielo (1,83 por 1,22 metros). Este tamaño intermedio crea un equilibrio entre la dificultad de marcar y el ritmo de goles del partido: es habitual ver partidos con resultados elevados (4-3, 5-2, 6-4) que dan una gran espectacularidad al bandy.
Las porterías se anclan firmemente en el hielo para evitar desplazamientos durante el juego, y detrás de ellas hay habitualmente redes que recogen la pelota cuando entra en el arco. El área de portero es la zona inmediatamente delante de la portería donde el guardameta tiene derechos especiales.
La preparación y mantenimiento del hielo
El hielo es el elemento más crítico de la pista de bandy y su preparación requiere atención especializada. En las instalaciones con refrigeración artificial, el proceso comienza varios días antes de la competición: se inunda la superficie con capas sucesivas de agua que se van congelando hasta alcanzar el grosor reglamentario de entre 3 y 6 centímetros.
Durante el partido, el hielo se deteriora inevitablemente por el paso constante de los patines de los 22 jugadores. En los descansos y, en algunos casos, durante las pausas del juego, máquinas tipo zamboni —adaptadas a la gran superficie del campo de bandy— repasan la pista para igualar y renovar el hielo. Esta operación de mantenimiento es esencial para garantizar la seguridad de los jugadores y la calidad del juego.
En los partidos disputados al aire libre en condiciones de frío extremo (habituales en Siberia o Escandinavia durante el invierno), el propio ambiente natural actúa como sistema de refrigeración. Las temperaturas de -15 o -20 grados Celsius son habituales en muchos de los grandes eventos de bandy rusos, y el hielo natural puede llegar a tener decenas de centímetros de grosor, lo que crea unas condiciones únicas y muy distintas a las de las instalaciones cubiertas.