En la historia del BMX freestyle, hay trucos y hay momentos. Hay la primera vez que alguien giró hacia atrás en un halfpipe, la primera vez que alguien hizo el cuadro girar durante un salto, la primera vez que alguien unió ambas cosas simultáneamente. Cada uno de esos momentos cambió la percepción de lo posible y empujó a la siguiente generación de riders a buscar el siguiente límite.
El backflip: de lo imposible a lo fundamental
Para entender la magnitud del backflip tailwhip, hay que recordar que el backflip en sí mismo fue, durante mucho tiempo, considerado una hazaña al límite de lo posible en el BMX. Rotar hacia atrás sobre el eje horizontal —lo contrario al frontflip, más intuitivo para el cerebro humano— implicaba confiar en la física en el momento en que el instinto de supervivencia decía lo contrario.
Los primeros backflips documentados en el BMX se remontan a finales de los años 80 y principios de los 90. Con la llegada de los X Games en 1995, el backflip pasó de ser un truco de pioneros a convertirse en un estándar competitivo. Los mejores riders del circuito debían incluirlo en sus rutinas para ser competitivos, y eso aceleró enormemente el proceso de normalización del truco.
Dave Mirra y la era de las combinaciones
Dave Mirra no fue solo un rider: fue la figura que definió lo que el BMX freestyle de competición podía ser durante más de una década. Con dieciocho medallas en los X Games —incluyendo catorce oros—, Mirra construyó su dominio sobre una base de dos cualidades excepcionales: la consistencia técnica y la voluntad de llevar los trucos más difíciles al nivel de las combinaciones.
En el halfpipe, Mirra no se conformaba con ejecutar los trucos individualmente. Los combinaba, los enlazaba y los elevaba hasta el punto en que sus rutinas en los X Games eran lecciones de lo que podía hacerse sobre dos ruedas y una rampa. El backflip tailwhip, en sus distintas variantes y niveles de ejecución, fue parte del vocabulario que Mirra y sus contemporáneos —Mat Hoffman, Ryan Nyquist, Kevin Robinson— construyeron durante la edad de oro del halfpipe de BMX.
La física del truco
El backflip tailwhip es físicamente uno de los combos más demandantes del BMX precisamente porque sus dos componentes parecen pedir cosas contradictorias al rider.
En el backflip, la prioridad es la rotación hacia atrás del cuerpo. El rider debe generar suficiente rotación al despegue, controlar la velocidad de giro y orientarse correctamente para el aterrizaje. Todo en un vuelo de apenas dos o tres segundos.
En el tailwhip, la prioridad es soltar el cuadro con las piernas, dejar que rote 360°, y volver a colocar los pies sobre los pedales antes del aterrizaje. El cuadro gira alrededor de la horquilla delantera mientras el rider mantiene las manos en el manillar.
Combinar ambas cosas simultáneamente exige que el rider haga dos cosas que demandan atención total de manera simultánea: controlar la rotación hacia atrás y coordinar los pies para el tailwhip. Es el tipo de coordinación que solo llega con miles de horas de práctica.
La progresión hacia los combos modernos
El backflip tailwhip no fue el final de la progresión: fue un escalón en una progresión que continúa. Después del backflip tailwhip llegaron las variaciones: el double tailwhip (dos rotaciones del cuadro durante un solo backflip), el flair tailwhip (un backflip con medio giro lateral incorporando un tailwhip) y otras combinaciones que siguen siendo los elementos definitorios de las rutinas de los mejores riders del circuito actual.
Cada generación de riders de BMX mira los trucos de la anterior como el punto de partida y se pregunta cuánto más puede empujar el límite. El backflip tailwhip, que era la frontera de lo posible en la era de Mirra, es hoy un elemento básico de las rutinas de los mejores riders del mundo. Eso no lo hace menos histórico: lo convierte en la primera pieza de un edificio de progresión que el BMX freestyle no ha dejado de construir.