La película Cool Runnings, estrenada en 1993, capturó algo verdadero sobre el espíritu del equipo jamaicano de 1988, pero simplificó y dramatizó una historia que en su versión real es aún más fascinante. La verdad de cómo Jamaica llegó a Calgary es una mezcla de audacia, preparación seria y una pizca de locura que la versión hollywoodiense apenas rasca.
El equipo jamaicano no fue, como sugiere la película, un grupo de atletas que se enteraron del bobsleigh por casualidad y se lanzaron a la aventura sin ninguna preparación. Varios de los miembros del equipo —Devon Harris, Dudley Stokes, Michael White y Chris Stokes— eran deportistas con formación atlética y militar, algunos de ellos con experiencia como velocistas. Su capacidad de empuje en la salida era genuinamente buena: sus tiempos en los primeros 15 metros estaban dentro de la media competitiva, lo que demuestra que la parte atlética del bobsleigh no era su problema. El problema era la parte técnica: pilotar un trineo por una pista de hielo a más de 130 km/h es una habilidad que lleva años desarrollar.
El volcado en la prueba de cuatro personas en Calgary y las imágenes de los atletas cargando el trineo hasta la meta son completamente reales y tan emocionantes como la película los retrata. La diferencia es que en la vida real, el equipo regresó a casa con la cabeza alta: habían completado un logro que nadie esperaba, clasificarse para los Juegos Olímpicos de Invierno desde un país tropical, y habían cumplido. Las décadas siguientes de participación jamaicana en el bobsleigh —incluyendo la sorpresa de Nagano 1998— demuestran que lo que empezó como una curiosidad se convirtió en una tradición deportiva real.