La historia del bobsleigh olímpico es, en gran medida, la historia de la rivalidad entre Alemania y Suiza por la supremacía en el deporte. Los dos países concentran la mayor parte de los oros olímpicos desde los primeros Juegos de Invierno en Chamonix 1924, aunque el dominio no ha sido uniforme a lo largo del tiempo y otras naciones han interrumpido periódicamente su hegemonía.
Suiza fue la potencia fundacional del bobsleigh olímpico. Al ser el país donde nació el deporte en el siglo XIX y al contar con las pistas más antiguas y con una tradición de construcción de trineos que se remonta a los pioneros, los equipos suizos dominaron el programa olímpico durante las primeras décadas. El primer oro en Chamonix 1924 fue suizo, y el país siguió siendo una fuerza dominante hasta la segunda mitad del siglo XX.
El dominio alemán, especialmente a través de la Alemania del Este durante la Guerra Fría, cambió el equilibrio histórico. El sistema deportivo estatal de la RDA produjo pilotos y empujadores de élite de forma sistemática, y la tecnología de sus trineos estaba en la vanguardia mundial. Tras la reunificación, Alemania mantuvo esa tradición de excelencia técnica y ha seguido siendo la nación más laureada del bobsleigh olímpico en las últimas décadas. Canadá y Estados Unidos han aportado al palmarés con momentos históricos importantes —como el oro americano de Vancouver 2010 después de 62 años de sequía— y los múltiples oros de Kaillie Humphries para ambos países. En conjunto, estas cuatro naciones concentran la gran mayoría de los oros olímpicos del bobsleigh a lo largo de su centenaria historia olímpica.