El récord de velocidad máxima del bobsleigh se registró en la pista de Whistler, construida en las montañas de Columbia Británica para los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010. Con más de 153 km/h como velocidad punta registrada en competición oficial, Whistler estableció un hito que ninguna otra pista del mundo ha igualado en condiciones de competición homologada.
La pista de Whistler fue diseñada para ser la más rápida del mundo, y lo consiguió con creces. Su combinación de desnivel pronunciado (más de 150 metros de desnivel total), rectas largas y curvas diseñadas para mantener la velocidad hace que los trineos alcancen velocidades que no se ven en ninguna otra instalación del circuito internacional. Esta capacidad para generar velocidades extremas tiene un precio: Whistler también es considerada la pista más técnicamente exigente y peligrosa del mundo. El piloto alemán Francesco Friedrich declaró en varias ocasiones que requiere un nivel de concentración y precisión incomparablemente mayor que cualquier otra pista del calendario.
El hecho de que el récord absoluto de velocidad se encuentre en una pista de los Juegos Olímpicos no es casual: los Juegos siempre se celebran en pistas de nueva construcción u optimizadas, que aprovechan los últimos avances en diseño de instalaciones. Altenberg, la otra pista que regularmente registra velocidades cercanas a los 150 km/h, es igualmente conocida por sus curvas extremas y sus exigencias técnicas. La búsqueda de la velocidad máxima en el bobsleigh es una carrera constante entre el diseño de las pistas, la tecnología de los trineos y la habilidad de los pilotos para encontrar la línea perfecta que permita mantener la velocidad máxima durante todo el descenso.