La estructura de una competición de bobsleigh es aparentemente simple: cuatro mangas de descenso desde la parte superior de la pista hasta el final, y el equipo con menor suma de tiempos al final de las cuatro mangas se lleva la victoria. Pero detrás de esta simplicidad se esconde una lógica competitiva muy exigente donde las décimas de segundo acumuladas en cada descenso marcan la diferencia entre el oro y la plata.
Las cuatro mangas se disputan habitualmente durante dos días, con dos mangas por jornada. El orden de salida en la primera manga suele determinarse por el resultado de competiciones previas o por sorteo según el reglamento de la IBSF; a partir de la segunda manga, el orden puede invertirse para que los mejores equipos salgan los últimos, lo que permite la máxima tensión competitiva al final. Este sistema es similar al que se utiliza en otros deportes de deslizamiento como el luge y el skeleton.
La suma de tiempos significa que ninguna manga individual es definitiva: un equipo que realiza una manga excepcional puede recuperar el tiempo perdido en una anterior, y un error en la cuarta manga puede arruinar una actuación brillante en las tres primeras. Esta acumulación de presión a lo largo de las cuatro bajadas es lo que convierte cada competición de bobsleigh en un ejercicio de consistencia y concentración sostenidas. Los mejores equipos del mundo son capaces de reproducir prácticamente el mismo tiempo en las cuatro mangas con diferencias de apenas centésimas de segundo.