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Bochas

Deporte de precisión con lanzamiento de bolas metálicas o de madera en el que se compite por acercarlas lo más posible a una bola pequeña llamada pallino o cochonnet.

Las bochas en Argentina: cuando el deporte de los abuelos italianos se volvió argentino

La historia de cómo las bochas llegaron a Argentina con los inmigrantes italianos y se convirtieron en parte de la identidad cultural rioplatense, mucho más que un simple juego de trasplante.

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Hay un momento que se repite en cientos de clubs sociales de Argentina: un sábado por la tarde, bajo el techo de zinc de un bocódromo, cuatro hombres de entre sesenta y ochenta años discuten acaloradamente si una bola está más cerca del bolín que otra. Hablan en un castellano con cadencia italiana, o directamente en piamontés. En la mesa de al lado, alguien trae un mate. El asado huele desde el salón contiguo. Las bochas, en Argentina, no son solo un deporte: son una forma de vida.

Las maletas de los abuelos

Cuando los grandes barcos de emigrantes italianos —el Re Umberto, el Umbria, el Nord America— zarpaban de Génova, Nápoles o Palermo rumbo a Buenos Aires a finales del siglo XIX, sus bodegas iban llenas de italianos que lo dejaban todo para empezar de nuevo. Entre los pocos objetos personales que muchos llevaban consigo estaban, a veces, sus bolas de bochas.

No era sentimentalismo: las bochas eran el deporte social por excelencia de las comunidades del norte de Italia. Una familia piamontesa que emigraba a la provincia de Entre Ríos no solo llevaba las semillas para la nueva cosecha; llevaba también las tradiciones que definirían su vida comunitaria en el nuevo país.

En las colonias agrícolas de Santa Fe, en los conventillos de Buenos Aires, en los barrios italianos de Rosario, las bochas aparecieron casi inmediatamente después de los inmigrantes. Los primeros campos eran improvisados: tierra apisonada, tablones de madera recuperados, bolas trabajadas con las maderas duras del Litoral argentino.

Del “deporte de los tanos” al deporte de todos

“Tano” es el apodo informal que los argentinos le han dado históricamente a los italianos, una deformación de “napolitano”. Y durante décadas, las bochas fueron “el deporte de los tanos”: una actividad que identificaba a los emigrantes italianos y sus descendientes, que los distinguía del resto de la población argentina.

Pero la frontera entre la comunidad italiana y el resto de la sociedad argentina nunca fue impermeable. Los matrimonios mixtos, la amistad entre vecinos de distintos orígenes, la convivencia en los clubs sociales de barrio: todo contribuyó a que las bochas dejaran de ser exclusividad italiana. Para los años 1930 y 1940, las bochas ya eran practicadas por argentinos de todos los orígenes, aunque la impronta italiana seguía siendo dominante en la organización y la cultura del juego.

El bocódromo como corazón del club

Una de las particularidades de las bochas argentinas es la infraestructura que han generado: el bocódromo. Los grandes clubs sociales argentinos de tradición italiana —el Club Italiano de Buenos Aires, el Circolo Italiano de Rosario, el Centro Piamontés de Buenos Aires, decenas de clubs en las provincias— tienen bocódromos con entre cuatro y veinte canchas, techadas y equipadas para el juego durante todo el año.

En muchos clubs, el bocódromo es el espacio más activo de las instalaciones. Funciona de lunes a domingo, con partidas organizadas mañana y tarde, torneos los fines de semana y una afluencia regular de socios que a veces lleva tres o cuatro generaciones de la misma familia jugando juntas.

El bocódromo del club es también el lugar donde se transmite el conocimiento del juego: los abuelos enseñan a los nietos las técnicas de lanzamiento, los secretos de la cancha local, las estrategias que aprendieron de sus propios padres que llegaron de Italia.

Las bochas y la memoria de la emigración

Para muchas familias italoargentinas, las bochas son mucho más que un deporte: son un dispositivo de memoria. Jugar a las bochas en el club del barrio es estar en contacto con la historia familiar, con los abuelos que llegaron de Italia, con una cadena de transmisión cultural que se extiende por generaciones.

Hay clubs de bochas argentinos que conservan las bolas originales que sus fundadores trajeron de Italia a finales del siglo XIX, tratadas como reliquias. Hay familias que tienen las mismas bolas de quebracho desde hace tres generaciones, marcadas con las iniciales del bisabuelo que las torneó él mismo.

Esa dimensión patrimonial de las bochas argentinas es lo que hace que el deporte sobreviva incluso cuando la inmigración italiana es ya una historia lejana y los descendientes de los fundadores son ciudadanos plenamente argentinos que no hablan italiano. Las bochas siguen siendo la manera de tocar la historia de los orígenes.

Preguntas frecuentes

¿Por qué las bochas son tan populares entre los italoargentinos?
Las bochas llegaron a Argentina con los inmigrantes italianos del norte de Italia (piamonteses, venecianos, ligures) a finales del siglo XIX. Para las comunidades de emigrantes, el juego era una forma de mantener la conexión con su tierra de origen y de construir lazos sociales en el nuevo país. Con el tiempo, las bochas pasaron de ser 'el deporte de los tanos' a formar parte de la cultura deportiva argentina en general.
¿Cómo se llaman las canchas de bochas en Argentina?
En Argentina las canchas de bochas se conocen como 'bocódromos' (aunque este término es más formal) o simplemente como 'la cancha de bochas'. Los clubs sociales argentinos de tradición italiana tienen típicamente canchas de bochas en sus instalaciones, a menudo techadas o cubiertas con una estructura ligera para poder jugar todo el año.
¿Las bochas se juegan solo entre mayores en Argentina?
El perfil tradicional del jugador de bochas en Argentina es el adulto mayor o el jubilado, pero el deporte tiene categorías junior y senior activas en la Federación Argentina de Bochas. Los torneos escolares y los Juegos Evita han contribuido a rejuvenecer la práctica del deporte, y hay una nueva generación de aficionados a las bochas que juegan en parques y clubs de barrio.

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