Hay pocas historias en el deporte tan curiosas como la del nacimiento de la pétanque. La mayoría de los deportes nacen de la ambición, la competición, el negocio o la planificación. La pétanque nació de una enfermedad y de la amistad. Y el resultado fue uno de los deportes más practicados del mundo.
Jules Lenoir: un campeón con reumatismo
A principios del siglo XX, en el pequeño pueblo portuario de La Ciotat en la Provenza francesa, un grupo de hombres se reunía regularmente para jugar al jeu provençal, el juego de bochas tradicional del sur de Francia. Era un pasatiempo muy serio: el jeu provençal tenía competiciones locales, sus campeones eran conocidos y respetados, y el deporte formaba parte del tejido social de la vida provenzal.
Uno de los jugadores habituales era Jules Lenoir, un hombre mayor que había sido campeón local de jeu provençal y que seguía formando parte del círculo de jugadores con regularidad. El problema era que Lenoir sufría de reumatismo severo en las piernas, una enfermedad degenerativa que le causaba dolor e inflamación en las articulaciones y le impedía caminar con normalidad.
El jeu provençal exige que el lanzador dé tres pasos de carrera antes de soltar la bola. Para Lenoir, esos tres pasos se habían convertido en una tortura. Podía estar presente en las partidas, observar y comentar, pero ya no podía participar activamente.
La solución de Ernest Pitiot
Ernest Pitiot, amigo íntimo de Jules Lenoir y también jugador habitual del grupo, no podía aceptar que su amigo quedara excluido del juego. Y un día de 1907, propuso una solución tan sencilla como genial: ¿y si Lenoir jugaba sin dar los pasos? ¿Y si lanzaba con los pies juntos, sin moverse, desde un punto fijo marcado en el suelo?
Los demás jugadores aceptaron la propuesta como una cortesía hacia su amigo enfermo. Para que el lanzamiento sin impulso tuviera sentido, también redujeron la distancia: si en el jeu provençal el cochonnet se lanza a entre 15 y 21 metros, con la nueva modalidad se redujo a entre 6 y 10 metros.
Lenoir probó el nuevo sistema. Funcionó. De pie, con los pies juntos dentro de un círculo trazado en la tierra, podía lanzar con suficiente precisión para competir con sus amigos sin sentir el dolor que le causaban los tres pasos de carrera.
El nombre lo dice todo
En la lengua provenzal, la expresión para describir lo que hacía Lenoir era “jouer à pèd tancat”, que significa aproximadamente “jugar con los pies cerrados” o “jugar con los pies juntos”. La pronunciación local daba “pès tanqués”, y de ahí vino el nombre: pétanque.
El nombre no es una palabra inventada ni un nombre de persona: es una descripción exacta de la innovación técnica que permitió a un hombre con reumatismo seguir jugando con sus amigos. Cada vez que alguien dice “pétanque”, está pronunciando sin saberlo las palabras provenzales que significan “pies juntos”.
El éxito que Lenoir no llegó a ver
Jules Lenoir murió en 1947, cuando la pétanque era todavía principalmente un juego del sur de Francia. La FIPJP (Federación Internacional de Pétanque) no se fundaría hasta 1958, once años después de su muerte. La expansión global del deporte que él había iniciado involuntariamente, a Asia, África y América, ocurrió décadas después.
Lenoir no fue nombrado fundador oficial de ninguna federación ni recibió reconocimiento institucional en vida. Pero su nombre está unido para siempre al deporte que creó por pura necesidad médica.
Hoy, cuando decenas de millones de personas en más de cien países juegan a la pétanque en plazas, jardines y parques, todos son, en cierta medida, herederos del reumatismo de Jules Lenoir y de la generosidad de su amigo Ernest Pitiot.