El clinch es una de las tácticas defensivas más antiguas y controvertidas del boxeo. Se produce cuando un boxeador envuelve con los brazos al rival —normalmente rodeándole los brazos o sujetándole detrás de los codos— de manera que ninguno de los dos puede lanzar golpes con la amplitud necesaria para que sean efectivos. El efecto inmediato es una pausa forzada en el intercambio, lo que da al boxeador que lo busca un momento de respiro.
El árbitro tiene la obligación de separar a los boxeadores en cuanto se forma un clinch. Primero les ordena «break» (romper) y, si no se separan por sí solos, los aparta físicamente antes de reanudar el combate. Este mecanismo existe porque el clinch continuado convierte el boxeo en una lucha de agarres sin valor técnico. Un boxeador que recurre al clinch en exceso puede recibir advertencias y perder puntos, lo que penaliza la táctica si se abusa de ella.
Como estrategia puntual, sin embargo, el clinch es perfectamente legítimo y forma parte del repertorio de los mejores boxeadores. Durante una racha de golpes del rival, meterse en el clinch puede evitar un knockdown. También se usa para hacer perder el ritmo a un rival que está en un buen momento, o para descansar en los últimos asaltos de un combate muy intenso. La diferencia entre un buen uso táctico del clinch y una táctica antideportiva está en la frecuencia y la intención visible.