El conteo es uno de los rituales más reconocibles del boxeo. Cuando un boxeador toca la lona con cualquier parte del cuerpo que no sean los pies —resultado de un golpe recibido—, el árbitro activa de inmediato el protocolo: separa físicamente al otro boxeador y le indica con el brazo que se retire a una esquina neutral, de cara a la acción, sin darle la espalda al ring. Solo entonces comienza a contar en voz alta, acompañando cada número con un gesto de la mano: uno, dos, tres…
El boxeador derribado tiene hasta el conteo de diez para levantarse, demostrar que está orientado y en condiciones de continuar. Si no consigue hacerlo antes de que el árbitro pronuncie «diez», se declara KO. Pero el proceso no es tan mecánico como parece: incluso si el boxeador se levanta antes del diez, el árbitro puede decretar un «conteo de ocho» obligatorio, que le da un par de segundos más para evaluar el estado del púgil antes de reanudar el combate. Si el árbitro considera que el boxeador está aturdido y no puede defenderse, puede detener el combate por TKO aunque esté de pie.
La expresión «salvado por la campana» describe el caso en que un boxeador en serias dificultades sobrevive gracias a que el asalto termina antes de que el árbitro complete el conteo. Sin embargo, en el boxeo profesional moderno, la mayoría de reglamentos establecen que si el golpe que provoca la caída se produce antes de la campana, el conteo debe continuar aunque el asalto haya terminado técnicamente.