El cross es el golpe de poder por excelencia en el arsenal básico del boxeo. A diferencia del jab, que se lanza con la mano delantera de forma rápida y sin comprometer demasiado el peso corporal, el cross se lanza con la mano trasera —la derecha en boxeadores ortodoxos— y moviliza todo el cuerpo. El pie trasero presiona el suelo, la cadera rota, el hombro se adelanta y toda esa cadena cinética llega concentrada al puño en el momento del impacto.
Esta mecánica hace del cross el golpe más potente dentro del repertorio directo. Bien ejecutado puede desequilibrar al rival, provocar un knockdown o castigar de forma acumulativa a lo largo del combate. El cross apunta normalmente a la barbilla o al tabique nasal del rival, zonas donde un impacto limpio maximiza el efecto neurológico del golpe. Precisamente por eso los knockouts con cross suelen ser de los más fulminantes.
La contrapartida es que el cross compromete más al boxeador que lo lanza: al rotar la cadera y adelantar el hombro derecho, queda expuesto al gancho de izquierda del rival. Por eso los buenos boxeadores no lanzan el cross en solitario sino como parte de una secuencia: el jab abre la guardia del rival y el cross entra de inmediato. La combinación «1-2» —jab seguido de cross— es la base sobre la que se construyen todas las combinaciones del boxeo moderno.