La descalificación es la sanción máxima que un árbitro puede imponer durante un combate de boxeo. Supone la derrota inmediata del boxeador infractor y la victoria del rival, independientemente de cómo estuviera el marcador en ese momento. Es un resultado relativamente raro —la mayor parte de combates terminan por KO, TKO o decisión de los jueces— pero forma parte esencial del reglamento para garantizar que las reglas se respeten incluso bajo la presión competitiva más intensa.
El proceso habitual antes de llegar a la descalificación incluye advertencias verbales del árbitro y, si las faltas continúan, la deducción de puntos. Cada punto deducido se refleja en el marcador oficial y puede cambiar el resultado final si el combate llega a los jueces. Sin embargo, si un boxeador acumula demasiadas advertencias o comete una falta grave y deliberada —un cabezazo intencionado, un mordisco, golpear conscientemente después de la campana—, el árbitro puede descalificar directamente sin esperar más.
El caso más famoso de descalificación en la historia del boxeo ocurrió el 28 de junio de 1997, cuando Mike Tyson mordió la oreja derecha de Evander Holyfield durante el tercer asalto de su segunda pelea. El árbitro Mills Lane expulsó a Tyson del combate, entregando la victoria a Holyfield. El incidente, conocido popularmente como «the bite fight», generó un escándalo global y llevó a la suspensión temporal de la licencia de Tyson. Fue, y sigue siendo, el episodio de descalificación más recordado de la historia del boxeo moderno.