La guardia es la posición de partida de cualquier boxeador: el punto al que se regresa tras atacar, al que se recurre para defenderse y desde el que se organiza cada acción del combate. Una guardia correcta implica mantener los puños a la altura del mentón o las mejillas, los codos pegados al cuerpo para proteger las costillas, el mentón ligeramente agachado detrás del hombro delantero y las rodillas semiflexionadas para poder moverse con agilidad en todas direcciones.
La posición de los pies es igual de importante que la de los brazos. En la guardia ortodoxa —la más común, diseñada para diestros— el pie izquierdo apunta hacia el rival y el derecho queda más atrás y girado unos 45 grados. Esta base permite impulsarse hacia adelante para atacar, retroceder rápidamente o desplazarse lateralmente para crear ángulos. Una guardia con los pies demasiado juntos o demasiado abiertos compromete el equilibrio y la potencia de los golpes.
A lo largo de la historia del boxeo han existido distintas filosofías sobre cómo mantener la guardia. La peek-a-boo, desarrollada por el entrenador Cus D’Amato y asociada a Mike Tyson, mantiene los puños directamente frente a la cara con los codos muy juntos, lo que permite moverse de forma explosiva y elusiva. La guardia más abierta, característica de boxeadores técnicos como Muhammad Ali, sacrifica algo de protección inmediata a cambio de mayor libertad de movimiento y la capacidad de ver mejor los golpes entrantes.