El jab es el golpe fundamental del boxeo. Se lanza con la mano delantera —la izquierda para los boxeadores ortodoxos, la derecha para los zurdos— de forma directa y rápida, extendiendo el brazo hacia el objetivo sin apoyar el peso corporal de forma completa. Por eso no es el golpe más potente, pero sí el más versátil y, en muchos aspectos, el más importante de todo el repertorio ofensivo.
Su función principal no es hacer daño sino controlar el combate. Un jab bien ejecutado mantiene al rival a distancia segura, interrumpe sus intentos de ataque y le obliga a moverse o cubrirse. Los boxeadores que dominan el jab consiguen dictar el ritmo del combate: marcan cuándo se acerca el rival, cuándo atacan ellos y desde qué ángulo. El jab es, en esencia, la herramienta que organiza todo lo demás.
Técnicamente, el jab eficaz parte de una guardia correcta, se lanza con el puño rotando al final del recorrido para añadir fuerza y vuelve inmediatamente a la posición de guardia para no dejar el lado izquierdo descubierto. Existen variantes: el jab al cuerpo, el doble jab, el jab como distractor y el jab con paso adelante o hacia los lados. Los mejores jabistas de la historia —Muhammad Ali, Larry Holmes, Lennox Lewis— convirtieron este golpe aparentemente sencillo en un arma capaz de frustrar a rivales mucho más potentes.