El nocaut técnico, conocido por sus siglas TKO (del inglés technical knockout), es una de las formas más habituales de terminar un combate de boxeo sin que haya un derribo clásico. A diferencia del KO puro, el TKO se produce cuando alguna de las partes con autoridad sobre el combate —el árbitro, el médico de ringside o la esquina del boxeador— determina que continuar sería peligroso para el púgil que está recibiendo castigo.
El árbitro puede decretar un TKO en cualquier momento en que observe que un boxeador ya no está protegiéndose activamente: brazos caídos, mirada perdida, sin reaccionar a los golpes. No es necesario esperar a que caiga. Esta capacidad de intervención existe precisamente para reducir el riesgo de lesiones graves. El médico de ringside tiene autoridad similar: si un corte sobre el ojo sangra de forma incontrolable o una lesión amenaza la visión del púgil, puede ordenar la detención.
La esquina —el entrenador y los asistentes— también puede poner fin al combate lanzando la toalla al ring. Es una decisión que los equipos toman cuando consideran que su boxeador no tiene posibilidades reales de remontar y que seguir solo añadiría castigo innecesario. Aunque a veces genera polémica, lanzar la toalla a tiempo es una muestra de responsabilidad y forma parte de la cultura del boxeo desde sus orígenes.