Nueve victorias seguidas: la racha más grande del bridge
Entre 1961 y 1969, el Equipo Azul italiano ganó el Bermuda Bowl en 9 ediciones consecutivas. Nueve campeonatos del mundo seguidos, contra los mejores equipos de todos los países del mundo, en el período en que el bridge de competición era más popular y competido que nunca.
Para comprender la magnitud de esta racha, hay que pensar en equivalentes de otros deportes: sería como que la misma selección de fútbol ganara nueve Mundiales seguidos, o que el mismo equipo de baloncesto ganara nueve campeonatos del mundo consecutivos. En prácticamente ningún deporte de equipo, con competición internacional real, se ha alcanzado esa consistencia.
Los seis hombres de la leyenda
La racha del Equipo Azul fue obra de un grupo excepcionalmente reducido de jugadores. Los seis pilares de la era dorada fueron:
Giorgio Belladonna (Roma, 1923-1995): el más laureado de todos, presente en prácticamente todas las victorias de la era dorada. Licitador preciso, declarante brillante, defensor implacable.
Pietro Forquet (Nápoles, 1925-2015): el segundo pilar del equipo, conocido por su calidad de juego serena y su excelente coordinación con todos los miembros del equipo.
Benito Garozzo (Nápoles, 1927): uno de los más creativos e innovadores del grupo, creador del sistema Blue Club y conocido por su extraordinaria capacidad para la licitación.
Walter Avarelli (Roma, 1912-1997): el más técnico y sistemático del grupo, coautor del Sistema Romano junto a Belladonna.
Camillo Pabis-Ticci (Florencia, 1920-1996): quizá el menos conocido de los seis, pero considerado por sus compañeros como un jugador de altísimo nivel, especialmente en la defensa.
Carl Alberto Perroux: el capitán no jugador (NPC) del equipo durante la mayor parte de la era dorada. Su papel era la selección de las parejas para cada partido y la gestión del equipo durante las competiciones.
¿Por qué nadie pudo pararlos?
La dominación del Equipo Azul tenía múltiples raíces que se reforzaban mutuamente:
Sistemas de licitación avanzados: el Romano y el Blue Club eran más precisos que los sistemas naturales que usaban la mayoría de sus rivales. En el bridge, la precisión en la subasta puede generar ventajas en cada mano que se acumulan durante un partido de 32-48 bazas.
Años de entrenamiento conjunto: los seis jugadores llevaban tanto tiempo jugando juntos que su coordinación era casi intuitiva. Sabían cómo pensaba el compañero, cuáles eran sus tendencias, en qué situaciones era más probable que cometiera un error.
Experiencia en grandes torneos: haber ganado tantas veces antes creaba una confianza y una gestión emocional en los momentos decisivos que los equipos más jóvenes simplemente no tenían.
Calidad individual: más allá de todo lo anterior, los seis jugadores eran extraordinariamente buenos por sí mismos. El equipo era lo que era porque cada uno de sus miembros era de clase mundial.
El fin de la racha y el final de una era
La racha de 9 victorias consecutivas terminó en 1971, cuando el equipo de América del Norte logró finalmente derrotar a Italia en la final del Bermuda Bowl. Fue el primer fracaso italiano en 9 ediciones, y marcó el inicio del fin de la dominación absoluta del Equipo Azul, aunque Italia siguió ganando el Bermuda Bowl en varias ocasiones más hasta mediados de los años 70.
El equipo americano que rompió la racha incluía a figuras como Bobby Wolff, Bob Hamman y Jim Jacoby, que habían estudiado exhaustivamente el juego italiano y habían preparado específicamente cómo contrarrestar sus sistemas. Fue necesaria esa preparación específica para romper algo que parecía irrompible.
La racha del Equipo Azul sigue siendo, más de 50 años después, el récord definitivo del bridge competitivo: una demostración de que la combinación de talento, coordinación y sistemas innovadores puede crear algo que supera con mucho la suma de sus partes.