Qué es el contrato
Al cierre de la subasta, el resultado es el contrato: una puja concreta que determina dos cosas esenciales para el juego que se va a disputar. Primero, el número de bazas que la pareja ganadora de la subasta se compromete a ganar, contadas siempre a partir de la séptima (es decir, el número de la puja más seis). Segundo, el palo de triunfo (o la opción sin triunfo) con el que se jugará la mano.
El contrato es, en el fondo, una apuesta pública: si la pareja cumple lo prometido, recibe puntos positivos; si falla, recibe penalizaciones. La tensión entre licitar alto para sumar más puntos y no comprometerse en exceso para no caer es el corazón estratégico del bridge.
Los tres rangos de contrato
Según el número de la puja, los contratos se dividen en tres categorías que determinan los puntos en juego:
Parcial (partial score): contratos que no alcanzan el umbral de 100 puntos bajo línea. Son contratos de nivel bajo (1, 2 o 3 en palos menores). Suman puntos, pero no ganan el juego de forma inmediata.
Juego (game): contratos que suman 100 o más puntos bajo línea si se cumplen. Son 3NT (sin triunfo), 4♠, 4♥ (palos mayores), 5♦ o 5♣ (palos menores). Ganar el juego otorga una bonificación sustancial.
Slam: contratos de nivel 6 (pequeño slam, que requiere 12 bazas) o nivel 7 (gran slam, que requiere las 13 bazas). Son los contratos más ambiciosos y los que más puntos otorgan, pero también los más difíciles de cumplir.
Quién es el declarante
El declarante es el jugador que se encarga de jugar la mano. No es simplemente quien hizo la última puja: es el jugador de la pareja ganadora que nombró primero el palo del contrato final durante la subasta.
Por ejemplo, si Norte licitó primero “1 corazón” y más tarde Sur licitó “4 corazones” (el contrato final), el declarante es Norte, porque fue quien primero nombró corazones en ese lado de la mesa. Si el primero en nombrar corazones fue Sur, entonces Sur sería el declarante.
Esta regla tiene una consecuencia estratégica importante: durante la subasta, los jugadores deben tener en cuenta quién será el declarante en función del contrato al que se llegue, porque no siempre es mejor que declare el compañero con más cartas del palo, sino quien tiene mejores cartas de control en los otros palos o cuya mano sea más difícil de “leer” para los defensores.
Las responsabilidades del declarante
Una vez designado el declarante, su compañero se convierte en el muerto (dummy). El muerto extiende sus cartas boca arriba sobre la mesa después del primer ataque, y a partir de ese momento no toma decisiones: es el declarante quien juega también las cartas del muerto.
El declarante tiene, por tanto, una visión privilegiada: conoce sus 13 cartas y las 13 del muerto. Debe planificar cómo ganar las bazas necesarias con estas 26 cartas, teniendo en cuenta las 26 cartas de los defensores que desconoce pero puede inferir a través de la subasta y el juego.
La habilidad del declarante para contar las manos (deducir la distribución de los rivales), para planificar el orden de los juegos y para gestionar los recursos de las dos manos es uno de los aspectos más exigentes y fascinantes del bridge.
La vulnerabilidad: el factor de riesgo
En el sistema de puntuación del bridge en rubber (el formato de salón más tradicional), las parejas pueden estar en situación de vulnerabilidad o no. Una pareja es vulnerable si ya ha ganado un juego en ese rubber. La vulnerabilidad no cambia las bazas necesarias para cumplir el contrato, pero sí afecta a los puntos que se ganan (mayores bonificaciones) y a las penalizaciones si se cae (más severas).
En el bridge de competición por parejas o por equipos, la vulnerabilidad se asigna de forma predeterminada en cada mano según tablas estándar, para garantizar que todos los participantes jueguen las mismas condiciones.