Una disciplina que llega a la mayoría de edad
Durante más de una década, el gravel creció al margen de las estructuras federativas del ciclismo. No había rankings internacionales, ni categorías nacionales oficiales, ni selecciones. Los eventos eran organizados por particulares apasionados, las inscripciones se llenaban por boca a boca y la cultura del gravel se forjó precisamente en esa independencia de las instituciones.
En 2022, la Unión Ciclista Internacional (UCI) dio el paso que muchos esperaban y otros temían: organizó el primer Campeonato del Mundo de Gravel. La sede elegida fue Vermont, Estados Unidos, un guiño al origen americano de la disciplina. El mundo del gravel observó con atención: ¿cómo iba a organizarse una prueba para coronar a campeones mundiales en una disciplina que se había definido por rechazar precisamente esa jerarquía?
Formato y distancias
El Campeonato del Mundo de Gravel UCI no es una carrera de ultra-distancia como el Unbound o el Badlands. El formato elegido es más cercano al de una carrera clásica ciclista, con distancias que rondan los 200 km para la categoría élite masculina y algo menos para la femenina. Los recorridos combinan caminos de grava, pistas forestales y tramos de asfalto, exigiendo tanto potencia como habilidades técnicas en terrenos variados.
A diferencia de los grandes eventos de gravel de ultra-distancia, en el Mundial UCI el drafting está permitido, lo que hace que la carrera sea tácticamente más parecida a una clásica ciclista que a una prueba de resistencia solitaria. Esto ha generado debate dentro de la comunidad gravel, donde muchos defienden que la esencia del gravel está precisamente en la autosuficiencia y el esfuerzo individual.
Los campeones que pusieron el gravel en el mapa
Los resultados de las primeras ediciones del Mundial de Gravel dieron a la disciplina una visibilidad sin precedentes. En 2022, Keegan Swenson, uno de los mejores ciclistas de gravel y de montaña de Norteamérica, se impuso en la prueba masculina. Pauline Ferrand-Prévot, campeona del mundo en múltiples disciplinas (carretera, ciclocross, mountain bike), se adjudicó el título femenino en una carrera en la que demostró ser la corredora más completa.
En 2023, la participación de Mathieu van der Poel en la prueba masculina y su victoria convirtieron al Mundial de Gravel en noticia de primera plana. Van der Poel, campeón del mundo de ciclocross y uno de los mejores clasicómanos del pelotón WorldTour, demostró que el gravel tiene cabida para los mejores ciclistas del mundo y que sus exigencias físicas son de primer nivel. En la prueba femenina, Elisa Longo Borghini completó un palmarés que la convierte en una de las ciclistas más versátiles de la historia.
La legitimación del gravel como disciplina
El Campeonato del Mundo de Gravel ha tenido un efecto doble y contradictorio sobre la disciplina. Por un lado, ha dado al gravel un reconocimiento institucional que facilita el acceso a financiación, patrocinadores y cobertura mediática. Las televisiones y los medios deportivos generalistas, que ignoraban el gravel hasta hace poco, comenzaron a informar del Mundial con naturalidad.
Por otro lado, la entrada de la UCI ha generado inquietud entre quienes temen que la institucionalización convierta al gravel en una disciplina más, con sus rankings, sus protocolos y sus reglamentos, perdiendo la libertad y la cultura de aventura que lo hacen único. El debate entre los dos almas del gravel —la competitiva y la exploradora— se ha agudizado con la irrupción del Mundial, y es un debate que la comunidad gravel sigue teniendo sin visos de resolución definitiva.