Sachin Ramesh Tendulkar nació el 24 de abril de 1973 en Mumbai. En India, el país con la afición al cricket más intensa y numerosa del mundo, Tendulkar no es simplemente un deportista: es una figura de dimensiones cuasi-religiosas, un ser cuyas actuaciones paralizaban trenes, oficinas y calles enteras, cuya imagen adornaba templos y cuyo nombre era pronunciado con una reverencia que ningún otro deportista en ningún país ha generado de manera comparable.
Los inicios prodigiosos en Mumbai
Tendulkar comenzó a jugar al críquet en la Academia de Ramakant Achrekar, un entrenador legendario de Mumbai que descubrió su talento cuando tenía once años. En los años siguientes, Tendulkar fue el mejor jugador juvenil de la India sin discusión: marcó un siglo (century) en su debut en el críquet de primera clase en 1988, con apenas quince años, un registro que impresionó a toda la estructura del críquet indio.
En noviembre de 1989, con dieciséis años y meses, fue seleccionado para los Test de India en la gira por Pakistán. Debutó en Karachi ante una de las mejores unidades de ataque del mundo —Wasim Akram, Waqar Younis, Imran Khan— y resistió con una compostura que ningún jugador de su edad había mostrado antes. Nadie sabía entonces que estaba presenciando el inicio de la carrera más larga y productiva de la historia del cricket.
Los récords que nadie puede igualar
El palmarés estadístico de Tendulkar es simplemente abrumador. Es el máximo anotador de todos los tiempos en Tests con 15.921 carreras, en ODIs con 18.426 carreras, y en el total de partidas internacionales combinadas. Es el único jugador en la historia en haber marcado 100 siglos internacionales: 51 en Tests y 49 en ODIs, en una cifra que casi ningún experto cree que se pueda igualar en el futuro.
Participó en seis Copas del Mundo de Cricket (1992, 1996, 1999, 2003, 2007 y 2011) y fue el máximo anotador en cuatro de ellas. La Copa del Mundo de 2003 en Sudáfrica fue quizás su actuación individual más brillante en el torneo: fue el máximo anotador con 673 carreras. Sin embargo, el mayor trofeo colectivo de su carrera llegó en 2011, cuando India ganó la Copa del Mundo en Mumbai ante Sri Lanka. Para Tendulkar fue el título que le faltaba; sus compañeros lo levantaron sobre sus hombros al final del partido.
El estilo de bateo: elegancia y eficacia
Tendulkar era un bateador completo en el sentido más amplio del término. No tenía puntos débiles en su técnica: era igual de sólido contra el fast bowling que contra el spin, en pistas rápidas o lentas, en condiciones difíciles o favorables. Su selección de golpes era la de un artesano del críquet: cada golpe tenía la potencia exacta que requería la situación, y sus pies se movían con una elegancia que hacía que lo imposible pareciera sencillo.
Su defensa era sólida como una roca en los momentos que lo requerían, y su ataque era devastador cuando las condiciones lo permitían. El “straight drive” de Tendulkar es considerado por muchos críticos como el golpe más bello del cricket moderno: una combinación de potencia, técnica y elegancia que resume todo lo que hizo grande a este jugador.
El impacto cultural en India
Más allá de las estadísticas, Tendulkar fue durante más de dos décadas el corazón emocional de India. En un país donde el críquet es una religión, él era su deidad más venerada. Las victorias de India cuando Tendulkar bateaba bien eran celebraciones nacionales; sus eliminaciones prematuras provocaban tristeza colectiva. El peso de las expectativas que soportó durante veinticuatro años, sin nunca quebrarse, es quizás su mayor logro.
Se retiró en noviembre de 2013, en su último Test en el Wankhede Stadium de Mumbai, entre lágrimas propias y de los 33.000 espectadores que abarrotaban el estadio. El Parlamento indio aplazó una sesión para que los diputados pudieran seguir su despedida. En 2014 recibió el Bharat Ratna, el máximo honor civil de India. Es el primero en recibirlo por méritos deportivos.