Hay países que dominan ciertos deportes por razones obvias: Brasil en fútbol, Kenia en maratón, Estados Unidos en baloncesto. El dominio de Canadá en el curling responde a razones igual de profundas, aunque menos conocidas fuera de Norteamérica. Cuando un canadiense dice que el curling es “el otro deporte de invierno”, habla con toda la seriedad del mundo.
El curling llegó a Canadá con los emigrantes escoceses en el siglo XVIII y encontró un territorio perfecto: inviernos largos, llanuras heladas y comunidades rurales que necesitaban actividades de cohesión social. Se cuenta que los primeros curlistas canadienses lanzaban piedras de río y bloques de hierro fundido en los lagos congelados, mucho antes de que existieran los pabellones de hielo artificial.
El sistema competitivo: una cantera sin igual
El secreto del éxito canadiense no es solo la pasión; es la estructura. Canadá tiene un sistema competitivo interno que ningún otro país puede igualar. Cada provincia y territorio organiza sus propios campeonatos, y los ganadores se clasifican para el Brier (masculino) y el Scotties Tournament of Hearts (femenino), dos torneos nacionales de enorme tradición y seguimiento.
El Brier, patrocinado desde 1980 por Tim Hortons —la cadena de cafeterías más querida de Canadá— llena pabellones de 10.000 espectadores y se emite en televisión nacional. Un equipo que gana el Brier llega al Campeonato del Mundo con una experiencia de presión competitiva que pocos rivales internacionales pueden igualar.
Superestrellas del hielo
El curling ha producido en Canadá figuras de auténtica fama nacional. Russ Howard, inventor de la estrategia de la free guard zone que transformó el juego moderno. Kevin Martin, cuatro veces campeón del Brier y campeón olímpico en Vancouver 2010. Jennifer Jones, con seis títulos mundiales femeninos. Brad Gushue, que lideró a Canadá al oro olímpico en Turín 2006 y regresó para ganar múltiples títulos nacionales.
Estos jugadores son reconocidos en las calles de sus provincias como lo serían las estrellas de la NHL en cualquier ciudad canadiense.
Un deporte en expansión global
Paradójicamente, el éxito de Canadá ha contribuido a globalizar el curling. La transmisión internacional del Brier y los Juegos Olímpicos ha inspirado a países como Japón, Corea del Sur y China a desarrollar sus propios programas de alto rendimiento. Hoy, Canadá ya no gana de forma automática: debe enfrentarse a rivales serios en cada competición internacional.
Pero la base sigue siendo incomparable. Con un millón de curlistas y más de mil clubes, Canadá seguirá siendo la referencia mundial del curling durante mucho tiempo.