El hack es el punto de partida físico de cada lanzamiento en curling y uno de los elementos más discretos pero esenciales del equipamiento fijo de la pista. Su diseño ha evolucionado desde los simples tacos de madera o metal de los primeros tiempos hasta los bloques de goma de alta adherencia actuales, que permiten al lanzador empujarse con firmeza sin deslizarse durante la fase de impulso. Un hack en mal estado o con demasiado hielo acumulado puede afectar negativamente la consistencia del lanzamiento.
La mecánica del lanzamiento comienza con el lanzador en posición de sentadilla profunda, el pie trasero apoyado con fuerza en el hack y la piedra sostenida frente al cuerpo. Desde ahí, el lanzador oscila hacia atrás y luego hacia adelante, transfiriendo el peso al pie deslizante mientras extiende el brazo para soltar la piedra con la rotación deseada. Esta secuencia de movimientos, que parece sencilla pero requiere gran coordinación y repetición, determina la velocidad y el curl de la piedra más que cualquier otro factor.
La línea trazada desde el hack hasta el centro de la casa define el eje del tiro, y los mejores lanzadores son capaces de reproducir el mismo movimiento con mínimas variaciones en decenas de lanzamientos consecutivos. Los entrenadores de curling prestan especial atención a la posición del pie en el hack, el ángulo de la cadera y la dirección de la cadera al avanzar, ya que pequeños defectos en estos puntos se amplifican a lo largo de los 42 metros que recorre la piedra.