El peso es, junto con la línea y la rotación, una de las tres variables fundamentales de cualquier lanzamiento en curling. Se refiere a la cantidad de fuerza con la que el lanzador impulsa la piedra: demasiada fuerza y la piedra sobrepasará el objetivo; demasiado poca y se quedará corta. A diferencia de deportes donde la potencia es siempre una ventaja, en curling el control del peso es más valioso que la fuerza bruta, y los mejores lanzadores son aquellos que reproducen el mismo peso con mínimas variaciones en decenas de tiros consecutivos.
La relación entre el peso y el curl es uno de los aspectos más fascinantes de la física del curling. Una piedra lanzada con poco peso (draw weight) curla mucho más que una lanzada con mucho peso (take-out weight). Esto se debe a que a baja velocidad, la interacción entre la piedra y el pebble tiene más tiempo para desviarse, mientras que a alta velocidad la piedra casi no curla y viaja prácticamente en línea recta. Este principio obliga a los lanzadores a ajustar la línea (el punto hacia el que apuntan) según el peso que van a usar, ya que la misma dirección de lanzamiento produce trayectorias muy distintas dependiendo de la velocidad.
Desarrollar la sensación del peso correcto es uno de los aspectos que más tiempo requiere en el aprendizaje del curling. Los principiantes suelen tener dificultades para reproducir pesos consistentes porque la pista de hielo es un entorno sin referencias táctiles claras, a diferencia de los deportes en pista de tierra o hierba. Los entrenadores trabajan el peso mediante ejercicios repetitivos con marcas en el hielo y análisis de vídeo, buscando que el lanzador desarrolle una memoria muscular que le permita ejecutar el peso correcto de forma intuitiva y sin pensarlo conscientemente durante la competición.