El tiro de entrada, conocido internacionalmente como draw, es la base ofensiva del juego de posición en curling. A diferencia del take-out, que busca la colisión y la eliminación, el draw es un tiro de precisión que requiere calcular con exactitud la velocidad correcta para que la piedra se detenga justo donde el skip ha indicado con su escoba. La curva natural de la piedra, amplificada por la menor velocidad, hace que el draw sea uno de los tiros más exigentes técnicamente para el lanzador.
Ejecutar un buen draw implica dominar dos variables simultáneamente: el peso (la velocidad de la piedra) y la línea (el punto exacto de la pista hacia el que se lanza para compensar el curl esperado). Si la piedra va demasiado rápida, pasará del objetivo; demasiado lenta, se quedará corta. Los barradores tienen la capacidad de alargar el tiro si va corto, pero no pueden frenarlo si va demasiado fuerte. Por eso la comunicación entre el skip y los barradores es especialmente crítica en cada draw.
El draw for the win, es decir, el tiro de entrada decisivo en el último end o en el end extra que le da la victoria al equipo, es uno de los momentos más dramáticos del curling competitivo. Ver a un skip ejecutar un draw perfecto al botón bajo la presión de una final olímpica o de un campeonato mundial es una de las imágenes más icónicas del deporte. Jugadores como Kevin Martin o Eve Muirhead han construido su leyenda en parte gracias a su capacidad de ejecutar draws perfectos en los momentos más exigentes.