En los dardos, existe un antes y un después de Phil Taylor. “The Power” no solo ganó 16 campeonatos del mundo: redefinió lo que el dardo de élite podía ser, estableció estándares que nadie pensaba posibles y dominó su deporte durante tres décadas de manera tan completa que su nombre es sinónimo de excelencia en cualquier conversación sobre los dardos.
De Stoke-on-Trent al olimpo de los dardos
Philip Douglas Taylor nació el 13 de agosto de 1960 en Burslem, Stoke-on-Trent, una ciudad industrial del centro de Inglaterra conocida históricamente por su industria cerámica. Trabajó durante años como tornero antes de descubrir que tenía un talento extraordinario para los dardos.
Su historia tiene un mecenas fundamental: Eric Bristow, el gran campeón de los años ochenta, quedó impresionado por el talento de Taylor y le prestó 2.500 libras para que pudiera costearse la participación en los primeros torneos importantes. Fue la inversión deportiva más rentable de la historia del dardo.
Taylor ganó su primer título mundial en 1990 con la BDO, derrotando al propio Bristow en la final. Tenía 29 años. Nadie imaginaba que ese título sería el primero de una cadena de 16.
Los primeros títulos: la BDO y el salto a la PDC
Tras ganar el Mundial BDO en 1990 y repetir en 1992, Taylor fue uno de los dieciséis jugadores que se separaron de la BDO para fundar el circuito PDC en 1993. La decisión fue crucial: al unirse al proyecto de Barry Hearn, Taylor se posicionó en el organismo que iba a transformar el dardo profesional.
En la PDC, Taylor dominó de manera absoluta desde el primer momento. Ganó el primer PDC World Championship en 1995 y siguió ganando año tras año: 1995, 1996, 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2004, 2005, 2006, 2007, 2009, 2010 y 2013. Catorce títulos PDC en menos de veinte años.
El estilo de juego: la máquina perfecta
Lo que hacía a Phil Taylor diferente de todos los demás no era solo la habilidad técnica —aunque era extraordinaria— sino la consistencia. Taylor podía mantener averages de más de 100 puntos por turno durante partidas enteras, día tras día, torneo tras torneo, durante años. Esta consistencia era su arma más devastadora.
Su rutina de lanzamiento era inmutable: misma postura, misma trayectoria, mismo ritmo. Era como una máquina perfectamente calibrada que reproducía el mismo movimiento miles de veces con mínima variación. Cuando otros jugadores se ponían nerviosos y su técnica se descomponía, Taylor seguía siendo Taylor.
También era un calculador extraordinario: los checkouts más difíciles los ejecutaba con una frialdad que parecía imposible bajo la presión de las grandes finales.
El nine-dart finish en directo: la noche de Blackpool
El momento más legendario de la carrera de Taylor ocurrió en la final del World Matchplay de 2002 en Blackpool. En un momento del partido contra Chris Mason, Taylor completó un nine-dart finish en directo ante las cámaras de Sky Sports y miles de espectadores en el Winter Gardens.
El nine-darter de Taylor en Blackpool es el vídeo más visto de la historia de los dardos y uno de los momentos más extraordinarios en la historia de cualquier deporte de precisión. La secuencia de nueve dardos perfectos, con la tensión creciendo con cada uno de ellos, es puro deporte en estado puro.
La rivalidad con van Gerwen: el relevo del trono
En los años 2010, un joven holandés llamado Michael van Gerwen empezó a desafiar a Taylor de manera cada vez más seria. Las rivalidades entre ambos —Taylor en el tramo final de su carrera, van Gerwen en su apogeo— produjeron algunos de los mejores partidos de la era PDC.
Taylor ganó su último Mundial en 2013, el año en que van Gerwen ganó su primero (2014). El relevo generacional se produjo con una gracia narrativa que el deporte rara vez consigue.
La final de 2018: el adiós más dramático posible
Phil Taylor se retiró en la final del PDC World Championship de 2018, perdiendo ante Rob Cross, un electricista que llegaba al torneo en su primera temporada profesional. La imagen de Taylor, a los 57 años, perdiendo la que sería su última final ante un debutante, fue la despedida más inesperada y emotiva que podría haber imaginado.
Taylor lo vivió con elegancia: reconoció el mérito de Cross y agradeció a los aficionados décadas de apoyo. Era el final de una era que duró exactamente lo que debía durar: hasta que ya no quedaba más por dar.
El legado: el estándar de lo posible
Phil Taylor no solo ganó torneos: cambió lo que los jugadores creían posible. Los averages que él establecía como estándar en los años noventa y dos mil obligaron a toda la siguiente generación a entrenar más, ser más consistentes y aspirar a un nivel que antes parecía inalcanzable. Michael van Gerwen, que superó muchos de los récords de Taylor, reconoce que sus estándares fueron posibles porque Taylor los estableció primero.
En los dardos, “The Power” es el equivalente al que se compara todo lo demás.