Una de las características más llamativas del disc golf, y una de las razones principales de su rápido crecimiento, es que jugar al disc golf es casi siempre completamente gratuito. En un mundo deportivo donde el acceso a instalaciones de calidad tiene un coste creciente, el disc golf es una anomalía bienvenida.
Campos en parques públicos
La gran mayoría de campos de disc golf del mundo están instalados en parques públicos de libre acceso. Municipios, ayuntamientos y administraciones locales instalan las cestas metálicas en sus parques porque supone una inversión relativamente pequeña (entre 5.000 y 20.000 euros para un campo de 9 o 18 hoyos) que proporciona años de uso a la comunidad sin costes adicionales significativos.
A diferencia de un campo de golf convencional, las cestas de disc golf no requieren mantenimiento de greens con maquinaria cara: el terreno natural del parque se convierte en el campo de juego. Una vez instaladas, las cestas son duraderas y resistentes a las condiciones climáticas.
El coste de iniciación es mínimo
Además del acceso gratuito al campo, el equipo necesario para jugar al disc golf es extraordinariamente barato. Un único disco de calidad suficiente para empezar cuesta entre 8 y 15 euros. Con tres discos (un driver, un midrange y un putter), un jugador principiante está completamente equipado por menos de 50 euros.
Compárese esto con el golf tradicional, donde un juego de palos de entrada de gama puede costar varios cientos de euros, o con deportes de raqueta donde la membresía a un club ya supone cientos de euros al año.
¿Existen campos de pago?
Sí, algunos campos de disc golf, especialmente los que están integrados en complejos privados, resorts o campos de golf convencionales que han añadido una ruta de disc golf, cobran una tarifa de acceso (el equivalente al “green fee” del golf). Sin embargo, estos son la excepción: la norma del disc golf es la gratuidad.
Implicaciones para el deporte
Esta accesibilidad económica tiene consecuencias profundas para el perfil del disc golfer y para el crecimiento del deporte. El disc golf atrae a personas de todos los niveles socioeconómicos, es especialmente popular entre jóvenes y estudiantes, y puede practicarse en cualquier momento sin necesidad de hacer una reserva. Todo ello alimenta una cultura de campo abierto, improvisación y comunidad que es muy distinta a la del golf tradicional.