Hace veinte años, una mujer en una prueba de enduro de nivel era una rareza que llamaba la atención. Hoy, las categorías femeninas son una parte integral de los calendarios internacionales de enduro, con pilotas que compiten en los mismos recorridos que los hombres y que han elevado el nivel técnico hasta cotas impensables una generación atrás. El crecimiento del enduro femenino es uno de los cambios más importantes que ha vivido el deporte en las últimas dos décadas.
El proceso fue gradual. Las primeras categorías femeninas en campeonatos nacionales aparecieron en la década de 1990, pero fue en los años 2000 y 2010 cuando la participación femenina empezó a crecer de forma sostenida. El EnduroGP incorporó la categoría EnduroWomen al calendario del Campeonato del Mundo, dando a las mejores pilotas una plataforma oficial de nivel mundial. El ISDE, por su parte, ya tenía tradición de participación femenina, pero el Trofeo Féminas de Naciones adquirió mayor visibilidad con el paso del tiempo.
Los factores que explican este crecimiento son varios: una mayor oferta de motos de tamaño y peso adecuados para pilotos de menor estatura, la influencia de las redes sociales —que han permitido a pilotas visibles inspirar a nuevas generaciones—, y el trabajo de las federaciones nacionales para crear programas específicos de formación femenina en el off-road. Las marcas también han respondido con indumentaria y protecciones diseñadas específicamente para mujeres. El resultado es un ecosistema del enduro femenino más rico, diverso y competitivo que en cualquier momento anterior de la historia del deporte.