Si el enduro clásico creció durante décadas como un deporte de nicho con su propia comunidad fiel pero relativamente pequeña, el extreme enduro protagonizó en los años 2000 y 2010 un salto cualitativo hacia la visibilidad masiva que cambió por completo la percepción del deporte. El artífice principal de esta transformación fue Red Bull y su poderosa división de medios, Red Bull Media House.
La estrategia de Red Bull fue simple pero efectiva: producir vídeos de altísima calidad que mostraran lo más espectacular del extreme enduro —pilotos escalando muros de roca casi verticales, motos saltando sobre torrentes, caídas y recuperaciones increíbles— y distribuirlos en canales digitales de acceso gratuito. Los vídeos del Erzbergrodeo y del Red Bull Romaniacs alcanzaron decenas de millones de visualizaciones en YouTube, convirtiéndose en uno de los contenidos deportivos más virales de internet. Personas que nunca habían visto una moto de enduro en su vida descubrían el deporte a través de estas imágenes y se convertían en seguidores.
El impacto de esta visibilidad digital fue múltiple. Las inscripciones en pruebas de enduro amateur crecieron en toda Europa. Las ventas de motos enduro y de protecciones aumentaron. Los patrocinadores no relacionados con el mundo del motor empezaron a fijarse en el extreme enduro como plataforma publicitaria. Y los propios pilotos adquirieron una dimensión de celebridades digitales que antes era impensable en este deporte. Hoy, el extreme enduro tiene canales de YouTube con millones de suscriptores, una presencia activa en Instagram y TikTok, y una base de aficionados jóvenes que lo consumen principalmente a través de pantallas, un fenómeno que transforma la naturaleza misma del deporte.