Para competir en una prueba de enduro homologada por la FIM, la moto debe cumplir una serie de requisitos técnicos que garantizan tanto la seguridad como la igualdad de condiciones entre los participantes. El reglamento distingue entre las categorías de cilindrada y establece para cada una los límites permitidos en cuanto a modificaciones y equipamiento.
Las motos de enduro son monosilíndricas de dos o cuatro tiempos, con una construcción orientada al rendimiento en terreno natural: bastidor ligero, suspensiones de largo recorrido, neumáticos con tacos específicos para el barro y las rocas, y una relación potencia-peso optimizada para el off-road. El peso de la moto es un factor decisivo: las motos de competición suelen pesar entre 95 y 110 kilogramos en vacío, dependiendo de la cilindrada y el fabricante.
El sistema de escape y el nivel sonoro son aspectos muy regulados. El reglamento de la FIM establece límites de decibelios que las motos deben respetar, y en cada prueba puede haber controles técnicos aleatorios o en la verificación previa. También se controla que los protectores de manos, la tapa del depósito y el sistema de frenos estén en condiciones reglamentarias. Antes de cada competición, los pilotos deben pasar una verificación técnica donde los comisarios comprueban que la moto cumple todos los requisitos; en caso contrario, el piloto no puede tomar la salida hasta subsanar los defectos detectados.