La historia del esquí acuático no termina con las competiciones internacionales y los récords mundiales. A partir de los años 1980, el propio éxito y popularidad del esquí acuático fertilizó el terreno para el nacimiento de un nuevo deporte que acabaría superando en número de practicantes a su progenitor: el wakeboard. Y más tarde, la tecnología permitió eliminar incluso la lancha de la ecuación, dando lugar a los cable parks, que han abierto el deporte acuático a públicos que nunca habrían podido permitirse una embarcación.
Los antecedentes: surfing y snowboard
El wakeboard no surgió de la nada. Su nacimiento está en la intersección de varias tradiciones deportivas que convergieron a principios de los años 1980. El surf hawaiano había demostrado que ponerse de pie de lado sobre una tabla deslizándose sobre el agua era posible y enormemente satisfactorio. El snowboard, que se desarrolló en esa misma época, aplicó el mismo principio a la nieve.
La pregunta que se hicieron algunos esquiadores y surfistas experimentales fue inevitable: ¿qué pasaría si se remolcara a alguien sobre el agua con una tabla de surf en lugar de con esquís? La respuesta resultó ser: algo completamente nuevo y espectacular.
El skurfer y los primeros experimentos
A principios de los años 1980, varios inventores trabajaron de forma independiente en versiones primitivas de lo que después se llamaría wakeboard. Tony Finn, en Florida, desarrolló en 1985 el “Skurfer”, una tabla de surf pequeña con una sola sujeción para los pies que podía ser remolcada por una lancha. La tabla permitía deslizarse sobre el agua de manera muy parecida al surf, aprovechando la estela de la lancha para pequeños saltos.
Simultáneamente, Herb O’Brien, fabricante canadiense de equipamiento de esquí acuático, desarrolló una tabla más amplia y estable con dos sujeciones para los pies (las denominadas “bindings”), que resultó más accesible para los principiantes que el Skurfer. Esta versión, llamada primero “HO Reactor” y después simplemente “wakeboard”, fue la que se impuso comercialmente a finales de los 80.
La explosión del wakeboard en los años 90
El wakeboard vivió en los años 1990 una explosión de popularidad comparable a la que había vivido el esquí acuático en los 60 y 70. La nueva generación de practicantes encontraba el wakeboard más cercano a la cultura urbana del surf y el skateboard, con una estética diferente y trucos más espectaculares en el aire.
Las competiciones de wakeboard comenzaron a organizarse en todo el mundo, y las televisiones captaron rápidamente el potencial espectacular de los trucos aéreos sobre el agua: giros de 720 grados, saltos invertidos, combinaciones complejas que parecían sacadas del skateboard pero sobre el agua a alta velocidad.
Para muchos jóvenes que antes habrían elegido el esquí acuático como deporte acuático de verano, el wakeboard pasó a ser la opción preferida a partir de los años 90, contribuyendo al estancamiento del número de practicantes de esquí acuático clásico.
Los cable parks: la democratización del deporte acuático
El invento que más profundamente ha transformado el panorama del deporte acuático desde los años 1980 no es una tabla ni un truco: es el cable park. Un cable park es una instalación en la que un sistema de cables suspendidos sobre el agua (generalmente un lago artificial o natural) arrastra al practicante usando poleas mecánicas, sin necesidad de ninguna embarcación de motor.
El concepto no es nuevo: los primeros sistemas de cable se probaron en los años 1960, pero no fue hasta la mejora de los sistemas de motor eléctrico y la popularización del wakeboard en los años 90 cuando los cable parks comenzaron a multiplicarse en Europa y América del Norte.
Las ventajas del cable park son múltiples:
Accesibilidad económica: sin necesidad de lancha, el coste por sesión es mucho menor que el del esquí acuático o wakeboard towed. Esto abre el deporte a públicos que no pueden permitirse una embarcación.
Sostenibilidad medioambiental: sin motor de combustión, sin contaminación del agua ni contaminación acústica. Los cable parks pueden operar en zonas donde las lanchas a motor están prohibidas.
Obstáculos y kickers: los cable parks modernos incluyen rampas, kickers y carriles de diferentes alturas instalados en el lago, que los practicantes pueden usar para ejecutar trucos de wakeboard o wakeskate que serían imposibles con una lancha convencional.
El esquí acuático en los cable parks
Aunque los cable parks fueron diseñados principalmente para el wakeboard, también es posible practicar esquí acuático en ellos. Muchos practicantes de cable park esquían en dos esquís o en monoesquí, adaptando la técnica del esquí acuático tradicional al sistema de cable. Sin embargo, el perfil predominante del usuario de cable park es el wakeboarder joven, y la imagen del esquí acuático clásico sigue estando más asociada a la lancha que al cable.
La convivencia entre estas disciplinas bajo el paraguas de la IWWF refleja la transformación que ha vivido el deporte acuático a lo largo de un siglo: de las tablas de madera de Samuelson en 1922 a los cable parks tecnológicos del siglo XXI, pasando por el monoesquí de fibra de carbono y el wakeboard de resina de alta densidad.