Los primeros pasos en Suecia
El floorball nació en Suecia a principios de los años 70, en un contexto donde el hockey sobre hielo era el deporte rey pero su práctica requería instalaciones costosas —pistas de hielo— que no estaban al alcance de todos. Un grupo de aficionados comenzó a practicar un juego similar al hockey en interiores: en gimnasios de colegios y pabellones, con sticks de plástico ligeros y sin necesidad de patines.
Los primeros sticks eran simples palos de plástico adaptados de juguetes o materiales industriales. La pelota también era improvisada: se usaban pelotas de plástico perforadas, similares a las que se utilizarían luego en el floorball oficial. Las reglas eran informales y variaban de un sitio a otro, pero el concepto era claro: hockey en sala, rápido, accesible y sin equipamiento caro.
La influencia del hockey y el cosom hockey
El floorball tiene también una conexión con el “cosom hockey” norteamericano, un juego de interior similar practicado en Estados Unidos y Canadá desde los años 60 con palos de plástico y una pelota perforada. Algunos historiadores sitúan en el intercambio cultural entre Norteamérica y Escandinavia parte del origen del floorball sueco, aunque la versión que prosperó y se organizó fue la escandinava.
La fundación de las primeras federaciones
En 1981 se creó la Svenska Innebandy Förbundet (SIBF), la primera federación nacional de floorball del mundo. La fundación de esta institución fue el espaldarazo definitivo para que el deporte pasara de ser un juego informal a convertirse en un deporte organizado con reglas uniformes, competiciones y categorías. Solo cinco años después, en 1986, se fundó la Federación Internacional de Floorball (IFF) con la participación de Suecia, Finlandia y Suiza como países fundadores.
Un deporte accesible desde el principio
Desde sus orígenes, el floorball destacó por su accesibilidad. A diferencia del hockey sobre hielo, no necesita pista de hielo ni patines. Cualquier pabellón polideportivo puede convertirse en una pista de floorball montando la valla perimetral, lo que redujo enormemente los costes de práctica y permitió que el deporte llegara a colegios, clubs de barrio y municipios de todo el país en muy poco tiempo.