Antes de que existiera la NFL, antes de que el Super Bowl fuera el evento televisivo más visto del año, el fútbol americano era una pasión universitaria. Y en muchas partes de Estados Unidos —especialmente en el sur y el medio oeste— sigue siéndolo. El college football no es simplemente la cantera de la NFL: es una institución cultural con cien años de historia, rivalidades que trascienden el deporte y una intensidad que a veces supera a la del fútbol profesional.
Los orígenes: universidades del noreste y reglas improvisadas
El fútbol americano no fue inventado: fue evolucionando. El primer partido documentado se disputó en 1869 entre Rutgers y Princeton, aunque el juego de entonces tenía poco que ver con el actual: los jugadores no podían correr con el balón y las reglas eran una mezcla de fútbol asociación y rugby. El nombre “fútbol americano” fue ganando sentido a medida que el juego se distanciaba del fútbol europeo y añadía elementos del rugby.
Las universidades del noreste —Yale, Harvard, Princeton, Columbia— fueron las primeras en adoptar y codificar el juego durante los años 1870 y 1880. Walter Camp, un jugador de Yale, es considerado el “padre del fútbol americano” por su papel en establecer reglas fundamentales como las diez yardas para conseguir el first down y la línea de scrimmage.
La NCAA y la profesionalización del amateur
La NCAA (National Collegiate Athletic Association) se fundó en 1906, en parte como respuesta a la violencia extrema que caracterizaba al fútbol universitario de la época: en la temporada 1905 murieron dieciocho jugadores en el campo. El presidente Theodore Roosevelt amenazó con prohibir el deporte si no se reformaba. Fue el primer gran momento de crisis y reforma del fútbol americano.
La NCAA ha regulado desde entonces el fútbol universitario bajo el principio del amateurismo: los estudiantes-atletas no podían cobrar por jugar. Esta norma, que durante décadas fue absoluta, comenzó a erosionarse a partir de 2021 con las normas de NIL (Name, Image and Likeness), que permiten a los jugadores universitarios monetizar su imagen. Es uno de los cambios más importantes de la historia del college football.
Los estadios más grandes del mundo
Uno de los datos más sorprendentes del fútbol americano universitario es el tamaño de sus estadios. El Michigan Stadium (“The Big House”) en Ann Arbor tiene capacidad para más de 107.000 espectadores, lo que lo convierte en uno de los estadios más grandes del mundo. Más de cien mil aficionados llenan regularmente los estadios universitarios de Alabama, Ohio State, Texas o Penn State cada sábado de otoño.
Esta asistencia masiva es una muestra de la integración del college football en la cultura local. En ciudades como Tuscaloosa (Alabama) o Columbus (Ohio), el equipo universitario es la institución central de la comunidad. Los fines de semana de partido paralizan la ciudad.
El pipeline hacia la NFL
Aunque el college football tiene valor propio, también es indisociable de la NFL. Todos los jugadores de la liga profesional pasaron por la universidad: es el único camino de acceso a la NFL para los jugadores americanos. El Draft de la NFL, en el que los equipos profesionales eligen a los mejores universitarios, es el momento en que los dos mundos se conectan cada primavera y que completa el ciclo de un sistema único en el mundo del deporte.