Hay eventos deportivos que trascienden su propio deporte y se convierten en fenómenos culturales. En Australia, el evento que ocupa ese lugar sin discusión posible es la Gran Final de la AFL, el partido que decide al campeón del fútbol australiano cada año. Es el programa de televisión más visto del año, genera uno de los ambientes más electricantes de cualquier deporte del mundo y tiene una capacidad de paralizar al país durante unas horas que ningún otro acontecimiento deportivo australiano puede igualar.
El Melbourne Cricket Ground: el templo del deporte australiano
La Gran Final se disputa casi siempre en el Melbourne Cricket Ground (MCG), el estadio más grande de Australia y del hemisferio sur. Con capacidad para más de 100.000 espectadores, el MCG ha sido durante más de un siglo el escenario de los momentos más importantes del deporte australiano. Es el estadio donde Australia ganó el cricket en el Ashes, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 y donde cada año se congrega la mayor multitud deportiva del hemisferio sur.
Cuando el MCG se llena para la Gran Final, la atmósfera que se genera es literalmente incomparable con cualquier otro evento deportivo del mundo. El campo oval, enorme, se ve desde cada uno de los 100.000 asientos con una visibilidad perfecta. Los colores de los dos equipos finalistas tiñen las gradas en dos mitades distinguibles a distancia. El rugido del estadio cuando se marca un gol es uno de los sonidos más poderosos del deporte mundial.
La historia de las Grandes Finales
La primera Gran Final de la VFL (el nombre anterior de la AFL) se disputó en 1898, apenas un año después de la fundación de la liga. Essendon fue el primer campeón. Desde entonces, la Gran Final se ha disputado ininterrumpidamente cada año, con la única excepción de los dos años de pandemia (2020 y 2021), cuando la burbuja sanitaria obligó a trasladar la final a Brisbane y Perth respectivamente.
Los equipos más exitosos en la historia de la Gran Final son Collingwood (16 títulos), Essendon (16 títulos), Carlton (16 títulos) y Richmond (13 títulos). Sin embargo, en las últimas décadas la competición se ha abierto y equipos que nunca habían ganado, como los Western Bulldogs (2016) o el Greater Western Sydney (semifinalistas frecuentes), han competido o ganado la premiership.
El AFL Grand Final Day: un día festivo de facto
El día de la Gran Final es prácticamente un día festivo en Victoria, aunque legalmente no lo sea hasta el viernes anterior (que sí es festivo oficial). Millones de australianos organizan reuniones para ver el partido, los bares y restaurantes de Melbourne se llenan horas antes del inicio, y el aeropuerto de la ciudad registra uno de sus mayores picos de tráfico del año con aficionados llegando de todo el país.
La semana de la Gran Final es en sí misma un acontecimiento. El Grand Final Parade (desfile de ambos equipos por las calles de Melbourne) concentra a cientos de miles de personas, y los actos previos al partido incluyen actuaciones musicales, ceremonias de entrega de premios de la temporada y momentos de homenaje a figuras históricas del deporte.
El Norm Smith Medal: el mejor de la final
Al final de la Gran Final, se entrega el Norm Smith Medal al mejor jugador del partido. El premio lleva el nombre de Norm Smith, entrenador del Melbourne Football Club en la época dorada del club en los años 1950 y 1960. Es uno de los premios más codiciados del fútbol australiano, porque un jugador que gana el Norm Smith Medal ha demostrado su mejor nivel en el partido más importante del año.
Dustin Martin del Richmond Football Club es el único jugador en la historia que ha ganado el Norm Smith Medal en tres finales diferentes (2017, 2019 y 2020), lo que le sitúa en un lugar único en la historia del deporte. Las actuaciones de Martin en esas tres finales son consideradas algunas de las más brillantes vistas en el partido más importante del año.
Grandes Finales memorables
La historia de la Gran Final está llena de partidos que han quedado grabados en la memoria colectiva australiana. La final de 2005, entre Sydney Swans y West Coast Eagles, terminó con un solo punto de diferencia. La de 2016, cuando los Western Bulldogs ganaron su primer título en 62 años, fue celebrada como una de las historias más emotivas del deporte australiano. La de 1989, con Hawthorn ganando a Geelong en el que se considera uno de los mejores partidos de la historia, es todavía debatida entre los aficionados más veteranos.