La acumulación de faltas es una de las reglas más características del fútbol sala y uno de los principales elementos tácticos que diferencia este deporte del fútbol convencional. El reglamento permite a cada equipo cometer hasta cinco faltas por periodo sin más consecuencia que el saque libre directo habitual. Sin embargo, a partir de la sexta falta acumulada en ese mismo periodo, cada nueva infracción otorga al equipo contrario el derecho a ejecutar un doble penalti desde el punto de 10 metros, sin barrera y con solo el portero para defenderlo.
Esta norma tiene un impacto enorme en la toma de decisiones táctica. Los entrenadores deben gestionar el gasto de faltas a lo largo del periodo, ya que acumularlas demasiado pronto deja al equipo en una situación de clara desventaja. Por eso es habitual ver cómo algunos equipos deciden no cometer determinadas faltas cuando ya acumulan cuatro, optando en cambio por retroceder con el bloque defensivo o arriesgar la entrada para recuperar el balón de forma limpia.
El marcador de faltas es visible en el tablero electrónico durante todo el partido, lo que añade una dimensión estratégica al juego: el equipo atacante puede provocar faltas deliberadamente para forzar el doble penalti cuando el rival ya lleva cinco acumuladas. Esta regla convierte la gestión de las infracciones en una parte esencial del análisis táctico en el fútbol sala de alto nivel.