El doble penalti es la sanción más severa del fútbol sala y una de las jugadas más emocionantes de la especialidad. Se ejecuta desde el punto de penalti situado a 10 metros de la portería, una distancia considerablemente menor que los 11 metros del penalti convencional del fútbol. El lanzador tiene prohibida la barrera de compañeros y se enfrenta directamente al portero, lo que hace que el porcentaje de conversión sea muy elevado, habitualmente superior al 70% en competiciones de alto nivel.
Esta sanción entra en juego a partir de la sexta falta cometida por un equipo en el mismo periodo. A diferencia del penalti estándar del fútbol, el doble penalti no requiere que la infracción se haya producido en el área; basta con que sea la sexta falta acumulada del equipo en ese periodo, sea cual sea el lugar del campo donde se cometa. Esto crea una presión táctica constante sobre los equipos que ya arrastran muchas faltas en el marcador.
El término «doble» hace referencia a que, antes de su regulación actual, existía la posibilidad de que el lanzador recuperara el balón si el portero lo despejaba. Hoy en día el reglamento prohíbe que el propio lanzador toque el balón por segunda vez antes de que lo haga otro jugador. El doble penalti es, junto con la acumulación de faltas, el elemento reglamentario más estratégico del fútbol sala moderno.