El portero jugador es una de las tácticas más arriesgadas y espectaculares del fútbol sala. Consiste en que el portero abandona su área y participa en el juego como un jugador de campo más, creando una situación de superioridad numérica de cinco jugadores contra los cuatro habituales de la defensa rival. Esta táctica se basa en la lógica de que la ventaja numérica en el campo compensa el riesgo de tener la portería sin guardameta.
Para que el portero jugador funcione de forma efectiva, el equipo necesita tener un buen control del balón y ejecutar el ataque con rapidez antes de que la defensa rival pueda reorganizarse para cubrir la portería vacía. Los entrenadores suelen practicar esta táctica en entrenamientos específicos, diseñando rotaciones y movimientos predeterminados para que todos los jugadores, incluido el portero, sepan exactamente cuál es su función en el campo. Algunos porteros de élite son tan hábiles técnicamente que pueden participar como un jugador de campo normal durante varios minutos.
Cuando el portero jugador está en campo, el riesgo de un gol en contra es muy real. Los equipos rivales intentan recuperar el balón cuanto antes para lanzarlo a portería vacía desde cualquier distancia. Algunos de los goles más recordados del fútbol sala son precisamente estos disparos desde más de 30 metros que acaban en la red sin que nadie pueda hacer nada. Esta tensión entre el beneficio de la superioridad numérica y el peligro de recibir un gol es lo que hace al portero jugador una de las decisiones tácticas más apasionantes del deporte.