La segunda vuelta es el segundo y último periodo de 20 minutos que conforma un partido de fútbol sala. A diferencia de lo que sucede en el fútbol convencional, donde el tiempo se añade al final por las interrupciones, el fútbol sala utiliza tiempo efectivo: el cronómetro se detiene cada vez que el juego se para y solo avanza cuando el balón está en movimiento. Esto significa que los 20 minutos de cada periodo son realmente 20 minutos de juego puro, lo que hace la duración total del partido más larga de lo que parecen los 40 minutos reglamentarios.
El descanso entre la primera y la segunda vuelta dura 15 minutos, tiempo que los entrenadores utilizan para analizar lo que ha ocurrido en el primer periodo y hacer los ajustes tácticos necesarios. Es habitual que el entrenador realice cambios en el sistema, en las posiciones o en los jugadores titulares en función del marcador y del rendimiento del equipo. La segunda vuelta suele ser más intensa que la primera, especialmente en los últimos cinco minutos, cuando los equipos que van perdiendo aumentan el ritmo y presión para intentar remontar.
En el fútbol sala, la segunda vuelta puede cambiar radicalmente el guión de un partido. La acumulación de faltas se reinicia al comenzar el segundo periodo, lo que da a los equipos un nuevo margen de infracciones antes del doble penalti. Los tiempos muertos también se reponen. Estas circunstancias hacen que la segunda vuelta tenga una dinámica propia y que los equipos que van ganando al descanso no puedan confiarse, ya que el rival dispone de todas las herramientas reglamentarias para intentar la remontada.