El balón de fútbol sala no es simplemente una versión pequeña del balón de fútbol. Tiene características técnicas muy específicas diseñadas para adaptarse a las condiciones particulares de este deporte: superficies duras, espacios reducidos y un ritmo de juego muy intenso. Conocer las características del balón ayuda a entender por qué el fútbol sala se juega como se juega.
La diferencia más llamativa es el bajo rebote. Un balón de fútbol convencional, al ser golpeado contra el suelo, bota a una altura considerable. El balón de fútbol sala, en cambio, está diseñado para botar mucho menos, lo que facilita el control en una cancha de parqué o cemento donde el rebote excesivo dificultaría enormemente el juego técnico.
Esta reducción del rebote se consigue de dos formas: usando materiales de relleno internos que amortiguan el impacto (como espuma o crin de caballo en los balones más tradicionales) y ajustando la presión interna a niveles inferiores a los del balón de fútbol. El resultado es un balón que se comporta de forma muy diferente y que exige una técnica específica para manejarlo bien.
Las normas de presión y peso
El reglamento de la FIFA y de la RFEF para el fútbol sala establece que el balón debe tener entre 400 y 440 gramos de peso y una presión de entre 0,4 y 0,6 kg/cm². El perímetro debe estar entre 62 y 64 centímetros. Estas especificaciones garantizan uniformidad en todas las competiciones oficiales y permiten que los jugadores se adapten con facilidad cuando cambian de equipo o competición.
El balón y la superficie de juego
El fútbol sala se juega en superficies duras: parqué, hormigón pulido o materiales sintéticos. El balón debe estar diseñado para funcionar correctamente en estas superficies, que generan más fricción y temperaturas de contacto diferentes a las del césped. Los balones de alta calidad para fútbol sala tienen costuras y materiales que resisten perfectamente estas condiciones.