El fútbol tiene más de 150 años de historia competitiva y se juegan millones de partidos al año en todo el mundo. Con ese volumen, las probabilidades de que ocurran coincidencias estadísticamente improbables no son tan bajas como parecen. Aun así, algunas de las anécdotas que la historia del fútbol ha producido resultan genuinamente inverosímiles.
El gol más rápido de un Mundial: 11 segundos
En el Mundial de Japón y Corea de 2002, el partido por el tercer y cuarto puesto enfrentó a Turquía y Corea del Sur. El turco Hakan Şükür marcó a los 11 segundos del pitido inicial, el gol más rápido de toda la historia de los Campeonatos del Mundo. Para hacerlo, bastó con que el árbitro pitara el inicio, Corea del Sur perdiera el balón en el saque, y Şükür rematara un centro desde el borde del área.
El partido acabó 3-2 para Turquía, que consiguió el tercer puesto. Şükür, que aquella temporada jugaba en la Juventus, se convirtió en parte de la historia del deporte con un gol que duró menos de lo que tarda en leer esta frase.
El 31-0: el resultado más escandaloso del fútbol internacional
El 11 de abril de 2001, Australia aplastó a Samoa Americana por 31 goles a 0 en una clasificatoria para el Mundial de 2002. El delantero Archie Thompson marcó 13 goles, récord mundial absoluto para un partido internacional oficial. David Zdrilic añadió otros 8 en el mismo partido.
Lo que hace este resultado todavía más llamativo es el contexto: Samoa Americana no tenía jugadores profesionales y varios de sus futbolistas eran trabajadores de oficina o estudiantes. La FIFA usó este partido —junto a otros resultados similares— para impulsar los programas de desarrollo de fútbol en las federaciones más pequeñas del mundo.
El penal que duró 24 horas
Uno de los partidos más absurdos de la historia del fútbol ocurrió en un torneo de Copa en Sudáfrica en los años 1990, cuando dos equipos llegaron a los penaltis y ninguno conseguía marcar. Los porteros paraban todos los lanzamientos, los penaltis seguían fallando y el partido se prolongó durante horas hasta que uno de los equipos finalmente marcó. La tanda de penaltis se convirtió en leyenda local y acabó con un marcador de algo parecido a 17-16 en los penaltis, con decenas de lanzamientos fallados por ambos bandos.
Brasil y Alemania: el partido que cambió un vocabulario
El 7-1 de Alemania sobre Brasil en las semifinales del Mundial de 2014, disputado en Belo Horizonte, produjo un fenómeno lingüístico rarísimo: la palabra “Mineirazo” (en referencia al estadio Mineirão donde se jugó) entró en el vocabulario popular de varios idiomas para describir una derrota devastadora e inesperada. En Brasil, el término “sete a um” (siete a uno) se convirtió en expresión común para describir cualquier humillación pública catastrófica.
Lo más asombroso desde el punto de vista estadístico: los cinco primeros goles de Alemania se marcaron en un período de apenas 18 minutos, entre el minuto 23 y el 29. En ese lapso, un equipo anfitrión en semifinales de su propio Mundial pasó de 0-1 a 0-5. Ningún modelo estadístico habría asignado una probabilidad significativa a ese escenario.
La Copa del Mundo que nadie recuerda
La historia olímpica del fútbol incluye el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de 1900 en París, considerado retroactivamente el primer campeonato internacional de fútbol. El problema es que los registros de ese torneo son tan fragmentarios y contradictorios que durante décadas no se supo con certeza qué equipos participaron, qué resultados hubo y quién ganó.
La investigación histórica posterior estableció que el campeón fue un equipo representando a Gran Bretaña (los Juegos eran mayoritariamente un asunto europeo en esa época), pero la FIFA tardó décadas en reconocer oficialmente estos resultados. Un campeonato mundial de fútbol que casi nadie sabe que existió.