Las tarjetas son la herramienta disciplinaria del árbitro. La amarilla advierte, la roja expulsa. Aunque todo el mundo las conoce, hay muchos matices sobre cuándo se aplican y qué consecuencias tienen.
La tarjeta amarilla
Se muestra como amonestación. Un jugador puede recibir varias amarillas a lo largo de una competición (en partidos distintos) y, al acumular un número determinado según el reglamento de cada torneo, cumple un partido de suspensión.
Las conductas que merecen tarjeta amarilla incluyen:
- Antideportividad: simular una falta, perder tiempo deliberadamente, quitarse la camiseta al celebrar un gol
- Protestar al árbitro de forma reiterada o irrespetuosa
- Infringir repetidamente el reglamento
- Retrasar la reanudación del juego (no dar el balón, alejarse con él)
- Entrar o salir del campo sin permiso del árbitro
- Falta táctica: cortar un contraataque claro sin opción de gol
La tarjeta roja
Supone la expulsión inmediata del jugador, que abandona el terreno de juego y su equipo continúa con uno menos durante el resto del partido. Hay dos formas de recibirla:
Roja directa
Se muestra sin amarilla previa por infracciones graves:
- Falta de violencia clara (patada, codazo, escupir)
- Mano deliberada que impide un gol claro (no se aplica al portero dentro del área en ciertas circunstancias)
- Detener con falta una ocasión clara de gol (el famoso “último recurso”, aunque con matices según posición y número de defensores)
- Lenguaje o gestos ofensivos, insultantes o abusivos
Doble amarilla
Si un jugador ya tiene una amonestación y recibe una segunda en el mismo partido, el árbitro le muestra primero la segunda amarilla y a continuación la roja.
Consecuencias más allá del partido
La expulsión no termina cuando acaba el partido. Las sanciones posteriores dependen de la gravedad:
| Infracción | Sanción habitual |
|---|---|
| Doble amarilla | 1 partido |
| Roja directa por falta | 1-3 partidos |
| Agresión a un rival | 3-6 partidos |
| Agresión al árbitro | 6-12 partidos o más |