El tiempo añadido existe desde los orígenes del fútbol, pero en los últimos años ha cobrado protagonismo gracias a una aplicación más rigurosa de los criterios para calcularlo. En el Mundial de 2022 se vieron partidos con 10 o incluso 15 minutos de descuento, algo inédito hasta entonces.
¿Por qué existe el tiempo añadido?
Un partido de fútbol tiene 90 minutos de juego efectivo teórico, divididos en dos mitades de 45. Sin embargo, el reloj no se detiene durante las interrupciones: cambios, lesiones, celebraciones de gol, disputas con el árbitro, revisiones VAR… Todo ese tiempo en el que el balón no está en juego se acumula y el árbitro lo añade al final de cada mitad.
Qué interrupciones se contabilizan
El reglamento establece que deben compensarse los tiempos perdidos por:
- Sustituciones: cada cambio consume entre 30 y 60 segundos en promedio
- Atención a lesionados: desde que el jugador cae hasta que se reanuda el juego
- Celebraciones de gol: el tiempo entre que se marca el gol y el saque de centro
- Revisiones del VAR: desde que el árbitro va al monitor hasta que toma la decisión
- Expulsiones: el tiempo en que el jugador sale del campo
- Pérdida de tiempo deliberada: el árbitro puede añadir tiempo adicional si considera que un equipo ha estado dilatando el juego sistemáticamente
El endurecimiento desde 2022
En el Mundial de Qatar 2022, la FIFA instruyó a los árbitros para que aplicaran de forma estricta el cálculo del tiempo añadido. El resultado fueron partidos con 10, 12 e incluso 14 minutos de descuento. La medida buscaba que los 90 minutos fueran realmente 90 minutos de juego real.
Desde entonces, varias ligas europeas han adoptado criterios similares, aunque con menor rigor que en los torneos de la FIFA.
El árbitro tiene la última palabra
El cuarto árbitro muestra el mínimo de minutos que se añadirán, pero es solo orientativo. El árbitro principal puede prolongar ese tiempo si durante el descuento se producen nuevas interrupciones: una lesión, un gol que requiere revisión VAR, una tangana…
El partido se acaba cuando el árbitro pita, y esto solo ocurre cuando el balón sale de juego de forma natural y el árbitro considera que se ha cumplido el tiempo. No puede pitar con el balón en movimiento salvo en situaciones muy excepcionales.