En el universo de los deportes internacionales, hay una jerarquía clara: en lo más alto están los Juegos Olímpicos, y para los deportes que no alcanzan ese estatus existe otra competición multideportiva de referencia: los Juegos Mundiales. La participación del gateball en los Juegos Mundiales es uno de los hitos más significativos de su historia como deporte internacional, un reconocimiento de que este juego japonés nacido en 1947 ha alcanzado una dimensión genuinamente global.
Los Juegos Mundiales: el escaparate de los deportes no olímpicos
Los Juegos Mundiales son organizados por la Asociación Internacional de Juegos Mundiales (IWGA) y se celebran cada cuatro años, normalmente el año después de los Juegos Olímpicos de Verano. El evento reúne a atletas de deportes que tienen reconocimiento internacional pero que no forman parte del programa olímpico, o que lo formaron en el pasado pero fueron eliminados.
Para un deporte, aparecer en los Juegos Mundiales supone varios beneficios:
- Visibilidad internacional: la cobertura mediática de los Juegos Mundiales es mucho mayor que la de cualquier campeonato del mundo específico del deporte.
- Legitimidad: el reconocimiento de la IWGA certifica que el deporte cumple con unos estándares organizativos y de difusión internacional.
- Acceso al ecosistema olímpico: aunque no implica llegar a los Juegos Olímpicos, es un paso en esa dirección.
El gateball en los Juegos Mundiales
La presencia del gateball en los Juegos Mundiales ha sido una de las grandes aspiraciones de la World Gateball Union desde su fundación en 1991. La WGU ha trabajado activamente para cumplir los requisitos de la IWGA: número mínimo de países participantes en el deporte, estructura organizativa internacional sólida, reglamento unificado y presencia en los cinco continentes.
La participación en los Juegos Mundiales reunió a los mejores equipos del planeta en un escenario de máxima visibilidad. Las naciones asiáticas —Japón, China, Taiwán, Corea del Sur— aportaron los equipos de mayor nivel técnico, mientras que la presencia de Brasil representó la excepción más destacada fuera de Asia.
Lo que el reconocimiento significa para el gateball
Para los millones de practicantes del gateball en Japón y Asia, la presencia en los Juegos Mundiales tiene un significado emocional importante: es la confirmación de que lo que practican en los parques de sus ciudades y pueblos forma parte de un fenómeno deportivo internacional reconocido.
Para la WGU y las federaciones nacionales, supone un argumento poderoso para obtener apoyo de los gobiernos y patrocinadores, y para atraer practicantes más jóvenes que quizás no se habrían interesado en un “deporte de abuelos” pero que sí pueden ver atractivo en un deporte con presencia en competiciones multideportivas internacionales.
El reto de la proyección olímpica
La participación en los Juegos Mundiales ha avivado el debate sobre si el gateball podría algún día alcanzar el estatus olímpico. Los defensores señalan que el deporte tiene decenas de millones de practicantes en Asia, una organización internacional sólida y una riqueza táctica comparable a deportes ya incluidos en los Juegos.
Los escépticos argumentan que la percepción del gateball como “deporte de personas mayores” y su concentración geográfica en Asia dificultan su adopción por el movimiento olímpico, que busca deportes con atractivo global y capacidad de generar audiencias televisivas masivas.
Lo que parece claro es que la presencia en los Juegos Mundiales ha sido un escalón importante en la internacionalización del gateball, y que el deporte sigue trabajando para ampliar su base global y su reconocimiento institucional.