Las pioneras: las gimnastas que construyeron el deporte
La historia de la gimnasia rítmica de competición se escribe con nombres de gimnastas que en sus respectivas épocas redefinieron lo que el cuerpo humano podía hacer con un aparato sobre una pista de 13 × 13 metros.
Las primeras grandes campeonas fueron las soviéticas y búlgaras de los años 1960 y 1970. Galima Shugurova de la URSS ganó el Campeonato del Mundo de 1969 y 1971, estableciendo los primeros estándares de excelencia en la disciplina. La búlgara Carmen Acedo y más tarde Galina Beloglazova llevaron el listón de la dificultad técnica a niveles que sus contemporáneas tardaron años en igualar.
Bianka Panova (Bulgaria, campeona mundial en 1983 y 1985) es considerada una de las gimnastas más completas de la historia, con una combinación de virtuosismo técnico y expresividad artística que se adelantaba a su tiempo. Su rivalidad con la soviética Galina Beloglazova definió la primera gran era de la competición internacional.
Marina Lobatch y el ejercicio perfecto
El momento más icónico de la historia olímpica de la gimnasia rítmica ocurrió en los Juegos de Seúl 1988, cuando la soviética Marina Lobatch ganó el oro con las cuatro notas perfectas de 20.00 posibles, algo que no había ocurrido nunca antes en una competición olímpica de la disciplina.
Lobatch era una gimnasta de una elegancia y musicalidad excepcionales. Su rutina con la cinta al son de una melodía soviética se convirtió en la imagen definitiva de lo que la gimnasia rítmica aspiraba a ser: no solo acrobacia con objetos, sino una forma de arte en movimiento. Su actuación en Seúl permanece hasta hoy como referencia de la perfección artística en el deporte.
Alina Kabaeva: técnica y polémica
Alina Kabaeva (nacida en 1983) es la gimnasta rítmica más famosa de la historia, aunque su leyenda deportiva estuvo marcada por la controversia. Campeona del mundo en 2001 y 2003, Kabaeva sufrió la descalificación en el Campeonato Europeo de 2001 por dar positivo en un control antidopaje de furosemida, un diurético que puede enmascarar el uso de otras sustancias.
Cumplida su sanción, regresó para ganar el oro olímpico en Atenas 2004 con una actuación extraordinaria que confirmó su superioridad técnica. Sus ejercicios con aro eran considerados los más difíciles del mundo; su flexibilidad, cercana al límite de lo humanamente posible, y su manejo del aparato, de una precisión mecánica, la distinguían de cualquier rival.
Su retirada a los 24 años, en plena madurez atlética, fue una decisión que sorprendió al mundo del deporte. Kabaeva se retiró para dedicarse a la política y los medios de comunicación, aunque su impacto en la gimnasia rítmica es permanente: fue el modelo al que todas las gimnastas de la generación siguiente aspiraron.
Evgenia Kanaeva: la más grande de todas
Evgenia Kanaeva (nacida en Omsk en 1990) es, por consenso de entrenadores, jueces y espectadores, la mejor gimnasta rítmica de la historia. Entre 2007 y 2013, Kanaeva dominó el deporte con una superioridad aplastante: ganó los Mundiales individuales de 2007, 2009 y 2010, el oro olímpico en Pekín 2008 y el oro olímpico en Londres 2012, convirtiéndose en la única gimnasta rítmica en ganar dos títulos olímpicos consecutivos.
Lo que hacía a Kanaeva diferente no era solo la dificultad de sus ejercicios —que era máxima— sino la manera en que los ejecutaba. Donde otras gimnastas mostraban el esfuerzo, ella mostraba naturalidad. Sus ejercicios con pelota, aro y mazas tenían una fluidez que hacía parecer fácil lo que era extraordinariamente difícil. Los jueces, siempre parcos en puntuaciones perfectas, le otorgaron varios 10 a lo largo de su carrera.
España y el dominio en conjuntos
El gran orgullo de la gimnasia rítmica española es la selección de conjuntos, que durante los años 2006-2014 fue la mejor del mundo. El equipo español ganó en ese período los Campeonatos del Mundo de 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011 y 2012, así como dos medallas olímpicas (bronce en Pekín 2008 y plata en Londres 2012).
Entrenadas por Pascual Valera y después por Anna Baranova, las gimnastas españolas combinaron la técnica de la escuela rusa con una musicalidad y una sincronización entre compañeras que las distinguía del resto. Los ejercicios del equipo español de esa época, especialmente las rutinas con cinco aros o con tres aros y dos pelotas, son citados habitualmente por los expertos como algunos de los más perfectos de la historia del deporte.