En la historia de los Juegos Olímpicos hay récords que parecen destinados a perdurar durante generaciones. Uno de ellos pertenece a la gimnasta rusa Evgenia Kanaeva: ser la única deportista en ganar el oro olímpico en gimnasia rítmica individual en dos ediciones consecutivas, Pekín 2008 y Londres 2012. Desde que la disciplina entró en el programa olímpico en Los Ángeles 1984, ninguna gimnasta había conseguido repetir el título, y ninguna lo ha igualado desde entonces.
Pekín 2008: una debutante imparable
Cuando llegó a los Juegos de Pekín, Evgenia Kanaeva tenía 18 años y ya era campeona del mundo, pero su debut olímpico generaba incertidumbre. La gimnasia rítmica es un deporte de presión extrema: una pequeña distracción, un lanzamiento mal calculado o un paso fuera de la alfombra puede costar el podio. Kanaeva respondió con una actuación histórica.
Con 35.550 puntos, la joven de Omsk ganó el oro con una ventaja considerable sobre la segunda clasificada, su compatriota Inna Zhukova. Sus cuatro rutinas —con aro, pelota, mazas y cinta— fueron ejecutadas con una precisión y una musicalidad que los jueces calificaron con las notas más altas de la competición. Kanaeva se había convertido en campeona olímpica antes de que nadie pudiera reaccionar.
El ciclo olímpico 2008-2012: sin rivales
Entre los Juegos de Pekín y los de Londres, Kanaeva no dejó de ganar. En los Campeonatos del Mundo disputados en ese período, acumuló medallas de oro con una constancia que recordaba a los grandes dominadores de deportes individuales. Su estilo evolucionó: si en 2008 sorprendía por su técnica impecable, en el período posterior añadió una capa de madurez interpretativa que hacía sus ejercicios todavía más difíciles de batir.
Durante esos cuatro años, otras gimnastas —entre ellas la también rusa Daria Kondakova— intentaron hacerle sombra, pero Kanaeva se mostró sistemáticamente superior en los momentos de mayor presión.
Londres 2012: la historia que se escribe sola
Los Juegos de Londres 2012 eran una oportunidad única para Kanaeva: ninguna gimnasta había repetido el oro olímpico en individual. Ella misma reconoció en entrevistas previas la carga psicológica de defender un título olímpico, especialmente en una disciplina donde el código de puntuación cambia entre ciclos y las rivales estudian al detalle cada punto débil de la campeona.
En el Wembley Arena londinense, Kanaeva respondió una vez más. Ganó el oro con autoridad, dejando en segunda posición a Daria Kondakova y completando así un doblete que ninguna atleta había logrado en casi tres décadas de historia olímpica de la disciplina. La diferencia entre Kanaeva y el resto fue, nuevamente, un abismo técnico y artístico difícil de explicar desde fuera.
La retirada y el legado
Poco después de los Juegos de Londres, Kanaeva anunció su retirada de la competición activa. Tenía 22 años. En su palmarés dejaba, además de los dos oros olímpicos, más de 18 medallas de oro en Campeonatos del Mundo entre pruebas individuales y de aparato, un número que la convierte en la gimnasta más condecorada de la historia de la disciplina en términos de preseas doradas mundiales.
Un récord que resiste el paso del tiempo
Desde Londres 2012, varias gimnastas de primer nivel han intentado acercarse al doblete olímpico sin conseguirlo. Margarita Mamun ganó Río 2016, pero no pudo repetir en Tokio. Linoy Ashram de Israel sorprendió en Tokio 2020, pero su continuidad al máximo nivel todavía está por verse. El récord de Kanaeva permanece intacto y, en el panorama actual de la gimnasia rítmica, no parece que nadie esté en condiciones de igualarlo en los próximos ciclos olímpicos.
Por qué el doblete olímpico es tan difícil
Cuatro años son una eternidad en la gimnasia rítmica. Las atletas llegan al máximo nivel entre los 16 y los 24 años, y sostener el rendimiento de élite durante un período tan largo —mientras el código de puntuación evoluciona y las rivales se especializan en superarte— es un desafío físico y mental de primer orden. Kanaeva lo resolvió con una combinación de talento natural, disciplina de entrenamiento y gestión mental que los técnicos del deporte todavía estudian como modelo de referencia.